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Guillermo Yeatts: Un mundo cada vez más pequeño



Revolución del conocimiento:
Un mundo cada vez más pequeño
Por Guillermo Yeatts

Autor del libro “Un mundo pequeño: El futuro de la libertad en la era global”. Presidente de Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Graduado en New York University con un Bachelor of Science en Finanzas y un Master en Economía. Doctorado Honoris Causa en Ciencias Sociales, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala. Realizó el posgrado OPM en la Escuela de Negocios de Harvard University en Cambridge, Massachusetts.

La revolución del conocimiento ha desatado -de forma acelerada- un achicamiento del planeta que ha puesto a competir las formas de organización de las más diversas sociedades. La sinergia entre la revolución digital, la informática y la biogenética -que decodifica toda la vida en el planeta- permite hoy potenciar los resultados de los avances en cada área.

Miles de millones de años atrás la superficie de la Tierra se concentraba en un único continente llamado Pangea. En nuestros días, la revolución del conocimiento está dando a luz un “Nuevo Pangea” en el que las murallas de información se desmoronan y los compartimentos estancos se empiezan a comunicar generando un proceso de competencia institucional. El creciente desarrollo tecnológico ha acortado las distancias entre las sociedades. Las formas de organización de los distintos grupos humanos se conocen a nivel global, los ciudadanos analizan y eligen las mejores alternativas. La revolución tecnológica crea nuevos sistemas que destrozan los anteriores. Los países e individuos pueden elegir "surfear" estas olas poderosas o tratar de pararlas y resultando aniquilados en el intento.

La riqueza hoy está basada en la inteligencia y una persona sin recursos económicos puede crear mayor valor que varios países juntos. Esto ha contribuido a la ampliación de la diferencia entre los países más ricos respecto de los más pobres, la cual ha pasado de una relación de 5 a 1 a una superior a 420 a 1 (comparando –por ejemplo- a Singapur con Haití).

Este proceso ha generado inocultables mejoras sobre la cantidad y calidad de la vida humana en la Tierra. En la actualidad, vivimos en el planeta 10 veces más personas que en 1750 y, como consecuencia del incremento de la esperanza de vida, lo hacemos por el doble de tiempo que a inicios del siglo XX. Pero esto no sólo se comprueba en los países “ricos”, sino que el fenómeno derrama sobre los países en desarrollo, en los que la expectativa de vida se incrementó –entre 1960 y 2005- de 45 a 65 años. Por su parte, la pobreza extrema en los países en desarrollo –definida como la supervivencia con un monto menor a 1.25 dólares diarios- también cayó del 52% en 1981 al 26% en el 2005.

Optimismo respecto del futuro de la humanidad

Una mirada superficial sobre el presente podría generarnos una sensación de frustración en términos de los desafíos todavía existentes. Pobreza, violencia, estancamiento parecerían sintetizar lo que se podría percibir a través de los medios de comunicación. Pero ¿es esta sensación fundamentada?

Si elevamos el ángulo de visión y tratamos de ver los procesos económicos e institucionales del planeta desde un punto de vista de mayor plazo, observamos con claridad que los resultados han sido fuertemente positivos. Sin que nos tiemble el pulso podemos afirmar que nunca antes en la historia de la humanidad el hombre ha vivido en un contexto de mejores condiciones económicas.

¿En qué basamos esta afirmación? Los números son extremadamente elocuentes para fundamentar este optimismo. Johan Norberg en su libro Cuatro décadas que cambiaron nuestro planeta explica por qué probablemente las décadas transcurridas desde 1960 hayan sido las de mayor avance en el nivel de vida de la humanidad de toda la historia. Al respecto menciona algunos impactantes indicadores de diferente naturaleza que confirman ese mensaje, a saber:

Mayor PBI per cápita mundial. Entre 1975 y 2005 el PBI per cápita global prácticamente se duplicó, incrementándose de 4.867 a 8.477 dólares. Esta suba se produjo mucho más fuertemente en los países de ingreso medio (134%) y en los de ingreso bajo (105%) que en los de ingreso alto (86%).

Menor pobreza en países en desarrollo. Mientras que en 1981, el 40,1% de los habitantes de países en desarrollo integraba la extrema pobreza, hacia el 2004 este porcentaje se había reducido al 18,1%. Es decir que entre 1999 y 2004, más de 139 millones de personas dejaron de ser pobres.

Mayor expectativa de vida. La expectativa de vida mundial al nacer entre 1960 y 2005 se incrementó en 18 años, aumentando en los países en desarrollo de 45 a 65 años.

Menor trabajo infantil. Mientras que en 1960 trabajaba el 24,9% de los niños entre 10 y 14 años, en el 2003 lo hacían apenas el 10,5%.

Más libertad económica. La libertad económica considerada a nivel global se incrementó entre 1980 y 2004 de 5.1 a 6.5, en base al índice de Fraser Institute, pasando este promedio de un nivel similar al de Nigeria a uno cercano al de México.

Mejores instituciones políticas. La población mundial que vive en sistemas democráticos se incrementó fuertemente de un 0% en 1900 al 31% en 1950 y a un 58,2% en el 2000.

Como vemos, ese progreso no se concentró en los países con mayor ingreso per cápita sino que el resto del mundo también lo experimentó. Si ponemos la lupa específicamente en los sectores más pobres del planeta confirmaremos con resultados aún más impactantes esta visión optimista sobre las dramáticas e inocultables mejoras en la vida de la humanidad. El estudio del Banco Mundial Understanding, Measuring and Overcoming Poverty hace referencia a algunos de estos avances concretos:

· La proporción de la población de países en desarrollo viviendo en pobreza extrema –definida como la supervivencia con un monto menor a 1.25 dólares diarios- cayó del 52% en 1981 al 26% en el 2005.
· La expectativa de vida en esos países aumentó de 60 a 66 años entre 1980 y el 2006.
· La tasa de mortalidad infantil en países de ingresos bajos y medios cayó de 87 por 1000 en 1980 a 54 en el 2006.
· La alfabetización adulta también mejoró: en el caso de los hombres de países de ingresos bajos y medios pasó a ser del 77% al 86% entre 1990 y 2004. En el caso de las mujeres, creció de 60 a 74%.

Este nuevo escenario, que da como resultado un mundo más pequeño, con más humanos que viven más y mejor, es el reflejo de un descubrimiento institucional llamado libertad.


El profesor universitario del siglo XXI


En la sociedad de siglo XXI, han ocurrido vertiginosos cambios en el campo de las ciencias y la tecnología. Se han impuesto nuevos modelos económicos, lo que ha dado origen a la globalización, lo cual constituye una respuesta al neoliberalismo, esto es nuevo mercado, competitividad, individualismo, la revolución de la tecnología de la información y sobre todo, la privatización de las empresas estatales. Vivimos en un nuevo mundo, donde el pensamiento neoliberal parece adueñarse de nuestras sociedades, dado que no solo incide en la vida económica, sino que abarca otras dimensiones como la educación, la cultura, la política, la ciencia y la tecnología, entre otros.

Todo lo anterior significa que los individuos tenemos que convivir dentro de estos nuevos paradigmas de la sociedad, de allí que la educación universitaria tiene un gran reto que enfrentar. Nuestros jóvenes deben prepararse para atacar los desafíos del siglo XXI. Pero ello es posible, en la medida en que nuestras universidades asuman su rol dentro del contexto social como instituciones de educación superiores. Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionales capaces de enfrentar los problemas del entorno. No se puede negar que se requiere de una nueva visón del mundo y de la humanidad. Es urgente realizar una reingeniería del humanismo.

Para imprimir los cambios pertinentes de la sociedad del siglo XXI, es imprescindible el papel protagónico del profesor universitario, porque de todos los actores de este sistema, él constituye la columna vertebral de los cambios que inciden en la formación de los futuros profesionistas de la nación. Las universidades, sin el concurso de los profesores, no podrían desarrollar sus objetivos como instituciones de educación superior. Sabemos que la responsabilidad de la educación universitaria, no solo descansa en el profesor, sino que es una responsabilidad institucional que debe formar parte de la agenda de todo estado.

Es innegable el compromiso que tiene el profesor en la formación directa de los estudiantes que acuden a las aulas universitarias. Por ello, si se quiere lograr fortalecer, desarrollar y robustecer las bases culturales, valores, identidad, competencia y pertinencia, es menester que el profesor universitario esté consciente de su responsabilidad como actor fundamental de este proceso de transformación en la educación. En consecuencia, el trabajo del profesor universitario en el contexto del siglo XXI debe ser de excelencia académica.

Para alcanzar la excelencia de la enseñanza universitaria son muchos los factores de carácter institucional y administrativos que inciden en el quehacer académico, no obstante, todos coincidimos en que el trabajo del profesor universitario es la clave para alcanzar el éxito. De nada vale que se doten de tecnologías, laboratorios, bibliotecas y recursos científicos las universidades, si la actitud del profesor es de indiferencia frente a los retos que tiene que enfrentar en una sociedad donde la información y la actualización de los conocimientos están al alcance de los estudiantes.

Este planteamiento nos lleva a focalizar la atención en la actitud de compromiso que le corresponde al profesor universitario dentro del contexto social del siglo XXI. En este sentido, es innegable que todo docente tiene que tener conciencia que su trabajo, dado que éste se proyecta más allá de la rutina diaria del salón de clases. El profesor universitario debe tener conciencia de que su labor revierte para beneficio de la sociedad, que es a la cual se debe realmente toda universidad.

El profesor universitario es un agente de cambio y para ello, debe conocer los nuevos modelos de la sociedad del siglo XXI, en ese proceso de cambio e innovación de los paradigmas que impone la globalización, la cual alcanza a la educación como base fundamental para el progreso y desarrollo de las naciones. Todo ello exige del profesor más y mejores niveles cognitivos. Los vertiginosos cambios que se dan en todos los campos del saber requieren que el profesor universitario esté en consonancia con los adelantos de la ciencia y la tecnología. Aunque es sabido que la responsabilidad de la educación no es exclusiva del profesor, lo cierto es que ésta, en gran medida, recae en él.

La ciencia y la investigación constituyen la base del compromiso de todo profesor universitario que tiene una visión amplia de la necesidad de ofrecer alternativas a la sociedad para enfrentar los retos de la globalización que nos ha tocado vivir. Las instituciones universitarias deben propugnar por dotarse de profesores comprometidos con la investigación como herramienta básica para la producción de conocimientos innovadores que coadyuven a profundizar los diversos saberes.

Las universidades deben poner mayor empeño en mejorar los perfiles del profesor que ingresa a las aulas a impartir conocimientos a nivel superior. Hay que reconocer que la Universidad de Panamá, ha establecido parámetros para seleccionar de manera científica a sus profesores a través del banco de datos y los concursos de cátedras formales.

El proceso de selección científica de los profesores garantiza, en cierta medida, la calidad del docente universitario. Considero que la Universidad de Panamá puede perfeccionar los perfiles del docente universitario y las otras universidades hacer el intento de tomar el ejemplo de la Universidad de Panamá, si realmente se pretende enfrentar las exigencias de la nueva sociedad que requiere de profesionales competentes, con creatividad, emprendedores con un alto nivel de conocimiento en las nuevas herramientas tecnológicas de los distintos campos del conocimiento.


El trabajo del profesor universitario
Retos del siglo XXI.

La investigación científica según Wolton

INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS:
DOMINIQUE WOLTON OPINA QUE ‘HAY QUE PENSAR EN LA COHABITACIÓN DE LAS CULTURAS’

EL DIRECTOR DE INVESTIGACIONES DEL CENTRO NACIONAL DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS DE FRANCIA CONVERSÓ CON REVISTA "PATRIMONIO CULTURAL" RESPECTO DE LA GLOBALIZACIÓN, TEMA QUE DESARROLLA EN UNA DE SUS MÁS RECIENTES PUBLICACIONES, “LA OTRA MUNDIALIZACIÓN".

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