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Pavel Florenski - el Da Vinci ruso


En su momento, Benedicto XVI le citó como ejemplo de conversión. Fue uno de los intelectuales más importantes. Como teólogo penetró en el misterio de la Santísima Trinidad. Incluso en el gulag siguió haciendo descubrimientos científicos. Fue fusilado en 1937.
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Pavel Florenski ha sido uno de los grandes eruditos que ha dado Rusia en los últimos siglos aunque el odio y las verdades destapadas por este polifacético pensador sobre la existencia de Dios irritara de tal modo a Stalin que ordenó que fuera enviado al gulag, fusilado y borrado de la historia.

Señalado por algunos como "el Leonardo Da Vinci ruso", Florenski fue científico, matemático, inventor, escritor, pintor, poeta, crítico, lingüista, docente y sacerdote.

Erudito en distintos saberes muy dispares entre sí vivió una conversión desde el ateísmo más radical a una fe de tal calibre que le llevó a ser uno de los teólogos que de manera más profunda ha penetrado en el misterio de la Santísima Trinidad, tal y como recogía un artículo de L´Osservatore Romano.

Esta tenaz lucha por la Verdad en la vida le llevó a conocer a Dios y también a dar su vida por él pues nunca renunció ni dejó de buscarla, ni durante la persecución en la Unión Soviética.

Ejemplo puesto por el Papa

Sin embargo, este hombre con una historia y biografía tan extensa y peculiar también tuvo una conversión a la altura de su vida. En la audiencia de los miércoles, poco antes de renunciar, Benedicto XVI le citaba como un ejemplo y aseguraba que “el Señor no se cansa de llamar a la puerta del hombre en contextos sociales y culturales que parecen tragados por la secularización, como le ha sucedido al ruso ortodoxo, Pavel Florenski.

Después de una educación completamente agnóstica, hasta el punto de sentir verdadera hostilidad hacia las enseñanzas religiosas impartidas en la escuela, el científico Florenski termina exclamando: ‘¡No se puede vivir sin Dios!’, y cambia completamente su vida, para convertirse en sacerdote”.

Por las matemáticas, hacia Dios

Y esta conversión se dio gracias precisamente a las matemáticas. Fue a raíz de esta ciencia dónde encontró a Dios y lo que le llevó hacía Él. En el orden que implican vio a un ser creador y precisamente vio claramente a la Santísima Trinidad. Fue precisamente aplicando las matemáticas como llegó a esta conclusión.

El diario vaticano explica la teoría del pensador ruso, que no veía en los estudios matemáticos no sólo los números en sí mismos, sino sus relaciones. Por ello, se pregunta cuáles son las relaciones que existen entre cosas que no tienen vida.

Y se responde afirmando que éstas únicamente existen entre personas y si estos informes quieren ser eternamente válidos estas personas deben ser eternas, y así son sólo las tres personas divinas en un Dios.

Su búsqueda de Dios

Una vez que tuvo este encuentro con Dios y siendo ya un eminente matemático y científico entró en la Academia Eclesiástica y se licenció en Teología en 1908. Dos años más tarde se casaba y en 1911 era ordenado sacerdote en la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Durante esos años tuvo gran influencia entre los universitarios moscovitas por su pensamiento filosófico, artístico, científico y teológico.

Florenski seguía mostrando a Dios a través de las ciencias y también se empeñaba en responder la pregunta que hizo Pilatos a Jesús en el patíbulo: ¿qué es la verdad?

Para este ruso, “la verdad revelada es el amor, porque esto es Jesucristo y esta es la identidad de nuestro Dios: porque Dios es amor. Por eso, también el bien, si no se realiza como belleza, es decir, como el amor realizado, se convierte en un fanatismo que es capaz de aplastar al hombre e imponer a la perfección del individuo como vanagloria, como orgullo. La verdad revelada es el amor y el amor realizado es la belleza”. Para Florenski la verdad realmente bella es la Iglesia, “comunión en Cristo muerto y resucitado”.

En la URSS seguía con el hábito

Mientras seguía con este apostolado llegó la llamada Revolución rusa y el triunfo del comunismo. A diferencia de otros científicos e intelectuales, Florenski no quiso dejar Rusia y prefirió estar junto a su pueblo. De hecho, él seguía vestido de sacerdote pese a las dificultades que podría causarle, y que años más tarde se consumaron.

Con dotes proféticos, en 1917 ya auguraba lo que se avecinaba: “tengo fe en que el nihilismo, cuando esté agotado mostrará su incapacidad, todo el mundo estará harto y se despertará el odio. Y entonces, después de que esta ignominia haya fracasado, los corazones y las mentes, ya renovados, se dirigirán hacía la idea rusa, sin volver la vista atrás, hambrientos…”.

Durante estos años siguió con su obra teológica e investigadora. Se centró en el arte, la geometría y las matemáticas. De hecho, fue inventando cosas e incluso participó en la electrificación de Rusia.

Su alejamiento de la política le mantenía a salvo pero su fe y la influencia de ésta en sus trabajos sí que le costaron muy caro.

La obra que le llevó al gulag

Durante esos años publicó entre otras cosas monografías sobre Dieléctricos y Arte Ruso Antiguo e incluso fue el autor del texto base para estudiar ingeniería eléctrica que se utilizó durante décadas. Pero fue más tarde cuando publicó su obra más importante, Los números imaginarios de la Geometría, en el que da una interpretación geométrica de la teoría de la relatividad de Einstein.

Ahí defendía que cualquier cuerpo que se moviera a mayor velocidad de la luz formaba parte de la geometría del reino de Dios. Este fue el pretexto para que fuera detenido, pues había muchos que le tenían muchas ganas.

Aunque había sido detenido ya en varias ocasiones de manera intermitente esta vez fue la definitiva. Incluso para salvar a otros detenidos junto a él se autoinculpó inventándose que había conspirado con el Vaticano.

Era 1933 y fue enviado a un gulag en las islas Solovetski. Allí pasó cuatro años durísimos antes de que fuera fusilado sin juicio y sin pretexto en Leningrado.

Únicamente, había sido acusado de vulnerar el artículo 25 del Código Penal Soviético por “publicación de materiales contrarios al sistema soviético”.

Sin embargo, ni el gulag pudo con él. Durante sus años prisionero allí consiguió importantes descubrimientos científicos. En él tuvo la oportunidad de estudiar los hielos perpetuos y la cristalización del hielo lo que le permitió diseñar una cámara especial para su microscopio, convirtiéndose de este modo en uno de los pioneros de la microfotografía.

Unas cartas llenas de amor y esperanza

A pesar del control soviético, Florenski dejó también un increible legado con las numerosas cartas que envió a su familia desde el gulag. Cartas llenas de amor y de esperanza. De esperanza en un Dios, uno y trino, que no es otra cosa que Amor. En ellas también habla a su hija de la Eternidad que a todos nos aguarda.

Florenski fue fusilado en 1937. Nunca se encontró su cuerpo y la URSS borró todo signo de este importante pensador, del Leonardo Da Vinci de siglo XX. No quedó ni su partida de bautismo.

Pero el comunismo no consiguió acabar con su legado. Sus discípulos y su familia lo guardaron y la prolífica obra de este fervoroso buscador de la Verdad quedó al descubierto tras la caída del muro y el fin de la URSS. Es ahora cuando se puede disfrutar de su amor a Dios y al hombre.

El equipo de voluntarios de IESVS.org

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