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Borges y Estela Canto

Jorge Luis Borges amó a muchas mujeres. "Las mujeres me han hecho desdichado, pero la felicidad que he obtenido de ellas compensa toda la desdicha. Es mejor ser feliz y desdichado que no ser ninguna de las dos cosas", confesó alguna vez.
Tímido hasta la tartamudez, nunca tuvo facilidad para acercarse al sexo opuesto y su madre, Leonor Acevedo, con la que convivió durante casi ocho décadas, gravitó en su vida social con fuerza meridiana.
"Desde que tengo memoria, siempre estuve enamorado de alguna mujer. Han sido diversas, pero cada una era única. El amor ha sido una forma de revelación", decía Borges.
Nunca habló públicamente de las mujeres que amó, pero gran parte de su obra literaria está dedicada a las musas que lo desvelaron, algunas veces bajo la delicada sombra de una inicial, otras con nombre y apellido.
Estela Canto
Una noche de agosto de 1944, le presentaron a Borges a la joven Estela Canto, en una fiesta que daban Bioy Casares y Silvina Ocampo. Delgada, morena y bonita, Estela tenía ojos penetrantes y una sonrisa irónica que le daba un aspecto de fiera inteligencia, que conservaría en la vejez. A los veintiocho, era dieciocho años menor que Borges, y se había apartado del camino convencional de la mujer argentina al decidir no casarse y seguir en cambio una carrera en el periodismo y la edición. Ahora se estaba haciendo un nombre como escritora, y Sur le había aceptado dos de sus cuentos hacía poco. Su hermano Patricio, escritor ubicado en los bordes del grupo Sur, se la había presentado a Silvina Ocampo, y Estela pronto se convirtió en una invitada regular a las soirées literarias de los Bioy.

Su primer encuentro con Borges fue poco prometedor: había leído “La muerte y la brújula” en Sur, cuento que la había impactado, pero quedó decepcionada por el aspecto de su autor; aunque le habían dicho que no era muy apuesto, era peor de lo esperado: regordete, bastante alto, con un rostro pálido y mofletudo y pies bastante pequeños. Después de darle la mano con aire ausente, Borges se ocupó muy poco de ella, falta de atención que irritó a Estela, porque en aquellos días daba por sentado que los hombres la encontraban atractiva. Era, de hecho, una mujer con amplia experiencia sexual: había tenido relaciones con escritores pero prefería los hombres de acción, y cuando conoció a Borges, tenía una relación con un inglés, “un espía británico que se desplazaba continuamente por la Argentina y por Brasil”.
El Aleph, el cuento que dedicó a Estela Canto, bajo cuyo apasionamiento escribió uno de sus más famosos relatos. Militante comunista, bella y liberal, Estela conmovió al escritor que por entonces ya padecía algunos problemas de visión.
Borges la visitaba a diario con la excusa de que lo ayudara a pasar en limpio los manuscritos de El Aleph y le obsequiaba libros. Doña Leonor nunca aprobó la relación.
"Cada mañana cuando llegaba a casa con alguna novela en el bolsillo tenía la actitud del festejante inoportuno que teme ser rechazado por la señorita cortejada. Esto era irritante. Él tenía 45 y yo 28, edad suficiente para prescindir de esas tonterías", diría Canto en una autobiografía.
El noviazgo duró siete años y terminó abruptamente cuando Borges le pidió matrimonio: "Lo haría con mucho gusto Georgie (como le decían en la intimidad), pero no podemos si antes no nos acostamos", le respondió Estela.
Poco después de la ruptura, Canto se casó con otro aunque fue amiga del escritor hasta su muerte.
Fuente:http://lakbzuhela.blogspot.com

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