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Borges y Bioy, Bioy y Borges más allá de una amistad y una pregunta:“Tu quoque?”

Es 1931 se pueden hablar de sucesos históricos; Salvador Dalí pinta Le persistance de la memoire, muy lejos de ahí, en Nicaragua, un devastador terremoto destruye la capital; Al Capone es condenado a 11 años de prisión por evasión de impuestos; es inaugurado el Empire State en los Estados Unidos; Mao Tse Tung proclama la República Soviética de China; pero muy lejos de ahí, está naciendo una mancuerna de escritores, una amistad memorable en la vida de la literatura, Borges y Bioy Casares se conocen.

La casa de Victoria Ocampo, una de las principales promotoras de la cultura en la historia de Argentina, es el lugar indicado. Un muchacho flaco, buen mozo, un “Dandy” de esa época está invitado con apenas 18 años de edad. Al otro lado de la salita, un poco gordo y con tinte soberbio, muy serio y un peinado hacia atrás, juzgando todo lo que ve Jorge Luis Borges.

La amistad empieza por casualidad en la casa de Ocampo, rápidamente en cuanto empiezan a hablar Borges y Bioy, se dirigen a un rinconcito donde platicar, nos cuenta el experto en Borges Miguel Ángel Leal Menchaca , que el autor de El libro de Arena “acepta a Bioy inmediatamente, cosa extraña en él, porque Borges era muy cerrado, no aceptaba a cualquiera”.
Sin embargo la plática prosigue, camina con naturalidad. Borges tira una lámpara por enojo y ofuscamiento, porque Victoria Ocampo, quería que socializaran con un intelectual del extranjero. Prefirió a Bioy, platican y hacen un mundo aparte entre ellos dos. La anfitriona se les acerca y les pide de favor que hablen con los demás invitados, ellos hacen caso omiso de esta orden y caminan hasta el coche de Adolfo.

La amistad no se consolida aquí es hasta años después, porque Bioy se fue a vivir a Rincón viejo y a Borges no le gustaba salir de Buenos Aires, pero los cimientos ya estaban puesto, el monumento comenzaba a construirse.

Sin embargo estos son los años “para comprender las razones del extraordinario lazo que unió a estos dos grandes hombres de letras del mundo hispano.” Tiempo que no es incluido en el gigantesco diario de Adolfo Bioy Casares titulado Borges. Sin duda un homenaje a la amistad, que no ha sido considerado como un buen libro por la crítica, aunque deja ver un lado más humano del autor de El Aleph.

Borges confesó casi al final de sus días: “Bioy ha sido muy bueno y muy indulgente conmigo. Él es una persona para la cual mi vida no tiene secretos” y a su vez Bioy dijo “no fue admiración por sus escritos lo que me atrajo; fue mi admiración por su pensamiento expresado en las conversaciones”.

Bioy Casares habla en una entrevista de su relación y cuenta que siempre que podían, eran comensales de la misma mesa, que cenaban juntos. Ahí Borges siempre inventaba juegos y era muy creativo, sobre todo para medir el nivel de lectura de las personas que asistían ocasionalmente a la casa de Adolfito.

En 1950 ambos tienen una plática acerca de Sabato, aquí se puede entender el porqué de tan duradera amistad entre los dos, pues Borges critica al autor del túnel porque “su conversación es demasiado anecdótica; se parece muy poco al pensamiento”

Las charlas eran interminables, ricas, acostumbraban hablar principalmente de obras literarias, en una ocasión en 1953 hablaron de Shakespeare y el padre de Funes el memorioso dijo que Dante el autor de la divina comedia era un “verdadero autor” en tanto el otro, no lo era, porque en el tiempo en que vivió el más célebre dramaturgo de todos los tiempos, las piezas teatro no era considerado una obra literaria.

Ha sido considerada la amistad más prolífica, vital y creativa de la historia en la literatura universal, siempre con un juicio sobre todo y todos, son cómplices, confidentes y compañeros de trabajo.

Trabajaron juntos en siete libros y en cuatro guiones para radio, de éstos ninguno fructífero como su literatura. El libro más reconocido en conjunto de ellos es Honorio Bustos Domecq, en entrevista a ambos se les pregunta si esperan que el personaje viva muchos años y las respuestas son radicalmente distintas porque J.L.B. responde: “Para mí, no. Para mí ya es un extinto” y A.B.C. dice: A mí me gustaría que viviera mucho tiempo.

Otro de los libros que publicaron juntos, tal vez el más logrado de todos es Seis problemas para don Isidro Parodi “por la comicidad y la burla que hacen a la novela policiaca” , en éste los compañeros literarios plantean que lo único que le falta a la policía es un poco de sentido común.

Entre las tantas cosas que tenían en común, ambos estaban enamorados de Buenos Aires, caminaban por los parques de esta ciudad, a Borges siempre le gustó más el sur que a Bioy. Miguel Ángel Leal asegura que la amistad entre ellos “es producto de que Bioy nunca se sintió menos que Borges, Borges necesitaba un alma gemela, un espejo que nunca le hiciera sombra”.

Cortázar un día intentó acercarse a Borges en algún momento de su vida, pero Borges no lo aceptó “él sabía que Julio, podía opacarlo, el talento era notorio y Borges prefirió alejarse” . Después de eso en los periodos posteriores,

Los dos eran enamoradizos, hombres fáciles de conquistar. Bioy: “Yo las veía ahí, desnudas, hermosas, rosadas y no podía resistirme” y añade después “Yo tuve amoríos, Borges tuvo amores” la diferencia radica en que “yo podía pasar de uno a otro sin problemas, los de Borges eran para siempre, pero luego tenía otro para siempre y luego otro para siempre.”

Sin embargo Bioy era un Dandy, conquistaba a cualquier mujer que se le pusiera al frente, era buen mozo. Borges era torpe con su trato para las mujeres, nunca supo conquistarlas, incluso pensaba que provocaba asco hacía las mujeres que se acercaban a él.

Para el año de 1956 el autor de Dormir al Sol visita la casa de Borges, pero éste no se encuentra, comienza a hablar con la madre. Ella le dice que parece que él es el mayor, porque su hijo para cualquier cosa dice “tengo que consultar a Adolfo”. Jorge Luis siempre se caracterizó por su carácter Edípico, su madre murió hasta los 99 años y le pidió perdón por vivir tanto.
Sobre un sillón negro está el autor de Fervor de Buenos Aires , un periodista frente a él y todos sus libros en un pequeño estante que ayuda al fondo literario, cuenta que casi no se ve a Bioy, tal vez sólo cuatro o cinco veces por año, porque “la amistad puede prescindir de la frecuencia, no como el amor, que está lleno de ansiedades de dudas”.

En la última charla en persona que tuvieron estos grandes símbolos de la narrativa hispanoamericana, Borges se despidió de su mejor amigo, le dijo que se iría a Europa porque el médico lo había declarado desahuciado, Bioy le respondió que si no pensaba que esto era imprudente y Borges, sabio, viejo y sabedor de sus pesares sólo le dijo “para morir es lo mismo estar en cualquier parte”

. Después, ya en Ginebra, el célebre autor de Historia Universal de la Infamia telefonea a su amigo “estoy a punto de morir” le dijo. Al instante Casares siente un nudo en la garganta, una de las mejores lenguas que ha dado Argentina se queda sin palabras de aliento para su amigo, pocos días después Bioy se entera de la muerte de su gran compañero.

Bioy nunca escribió en diarios o revistas sobre la muerte de Borges, pues pensaba que si él estaba en otra vida y él en ésta Borges le preguntaría :
“Tu quoque?” que quiere decir ¿tú también?



Por: Kaleb Quintero
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