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Borges visto através de la lente de los intelectuales colombianos

La lectura de la obra de Borges permite encontrar un conjunto de símbolos recurrentes.

El estudio y la rememoración de los grandes mitos de las civilizaciones antiguas, lo llevaron a llenar su literatura de tigres, espejos y laberintos. Estos elementos son tan visibles que son analizados, de forma constante, en los estudios acerca de su obra. Una característica de estos artificios es que a la vez que nos deslumbran y los deseamos secretamente (como el hecho de crear vida, ser inmortales o tener los tigres azules). Pero para sus personajes, dichos prodigios terminan siendo indeseables. William Ospina, a quien recientemente mencionamos, plantea que en la obra de Borges "los personajes quieren deshacerse de esos atroces prodigios; la magia en estas obras linda con la pesadilla". Es una marca de pánico que impregna sus fantasías. Es recordarnos que nuestra vida mortal es limitada porque no podríamos ser capaces de vivir con los artificios divinos que Borges plantea. El escritor argentino tiene la capacidad de hacer sentir al lector que los productos de su imaginación tienen una relación con su propia vida, logrando que los paradigmas se vuelvan reales.

El primer tema que vamos a tratar es el concepto de los espejos. En su infancia, Borges se escondía en un ropero donde había dos espejos paralelos que proyectaban infinitamente su imagen; siempre sufrió de miedo de que su reflejo se transformara. En su libro El Hacedor, en el poema "Los Espejos Velados", Borges recuerda este miedo: "Yo conocí de chico ese horror de una duplicación o multiplicación espectral de la realidad, pero ante los grandes espejos” . El temor fue tan fuerte para él que en otro libro, Historia de la noche, publica el poema "El espejo", inmortalizando el mismo temor:


“Yo, de niño, temía que el espejo
Me mostrara otra cara o una ciega
Máscara impersonal que ocultaría
Algo sin duda atroz"”

Al final de su vida reconoce que a pesar de que su obsesión por el espejo siguió constante, su recelo ha cambiado, como si temiera ver que el espejo encierra el verdadero rostro de su alma.  

La reproducción hacia el infinito, virtud del espejo, es tan fantástica como la posibilidad de un Dios o de un milagro. Ver nuestra imagen imitándonos ilimitadamente conmocionó a Borges hacia el punto del espanto. En el poema de "Los Espejos" Borges expresa ese sentimiento:

“Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inhabitable,
Un imposible espacio de reflejos” .

El reflejo del agua y los espejos de metal, nos castigan en lo cotidiano y nos hacen ver que no somos la única dimensión en este mundo, lo cual nos llena de miedo. El mismo poema se desarrolla con una estrofa de carácter rotundo: 

“Hoy, al cabo de tantos y perplejos
Años de errar bajo la varia luna,
Me pregunto qué azar de la fortuna
Hizo que yo temiera los espejos".


Rafael Gutiérrez Girardot reconoce que en la obra de Borges “el acento de la interpretación cae sobre la imagen del espejo, que representa el pensar; el espejo, en el que confluyen los otros símbolos y que da a conocerse bajo diversas máscaras: como el laberinto, como biblioteca, como lotería, como bola de cristal a través de la cual y en la cual se muestra simultáneamente el mundo” . Gutiérrez Girardot plantea que éste símbolo en la literatura de Borges no es un simple “manierismo literario”29, sino que “sitúa al lector ante la duda de si el mundo tiene el orden y el significado que percibimos por los sentidos o ilusoriamente”29.

El poeta colombiano Juan Manuel Roca, examina que en los versos de Borges se reitera el tema de los espejos diciendo que “sus versos elusivos, metafóricos, parecen informar de sus tanteos y visitas al mundo de los espejos, y del mismo asunto espectacular que tienen las aguas” . Para Roca, los espejos borgianos son ciegos, "por eso hacen preguntas, acechan como embajadores de otro mundo, del sueño escondido bajo su engañosa y tersa piel. Quizá por eso la frase de Jean Cocteau: "Los espejos harían bien en pensar antes de devolver sus imágenes", recordando los seres de los espejos de los cuales habla Borges en el Manual de zoología fantástica. Otra visión que tienen los intelectuales sobre el espejo borgiano, nos lo proporciona el maestro Pedro Gómez Valderrama en el homenaje que hace la revista Mito. En él desarrolla los "Nuevos complementos a Borges", un texto que busca definir los elementos simbólicos borgianos recopilando ejemplos en otros autores. Para definir el espejo del escritor argentino, Gómez Valderrama escoge un fragmento de Justicia de D.A. de Sade: "El espejo ve hermoso al hombre, el espejo ama al hombre; otro espejo ve al hombre horrorizante, y lo odia; y es siempre el mismo ser el que produce las impresiones". 

Universalmente, el hombre se reconoce a sí mismo gracias a la imagen que reproduce el espejo. Como el primer hombre mirándose en el reflejo del agua, reconocemos en aquel homógrafo ondulante al otro que somos ante el mundo. Nuestros ojos nos permiten plasmar, en el metal reflexivo, al ser irreflexivo que esconde nuestra cárcel carnal. Si no los pudiéramos ver, si no conociéramos ese nefasto engaño de la luz, no tendría sentido ni importancia lo que nos revela. Borges captura en su ceguera el recuerdo del espejo, en esa noche en que habitaba, recordaba con trémulo horror, el espejo de su infancia rodeado de oscuridad, a punto de cobrar vida propia. Este espejo, además de horrorizarle, pudo haber significado una profunda contemplación de su mundo interno. Era un símbolo de su pensamiento y su memoria, y así como nosotros necesitamos de la vista para ver nuestro cuerpo externo, Borges debió prescindir de ella para vislumbrar su cuerpo interior, su Adam Kadmon ideal y enigmático, a través del espejo de su memoria. Pero hubo un espejo que el argentino amó… éste fue la palabra, porque de ella nace el artificio de la cosa. 

El segundo tema recurrente en su obra es la forma cómo Borges concibe la divinidad: aquel ser omnipotente, omnipresente y omnisciente que maneja todos los destinos de sus creaciones, juega con nosotros y conoce nuestro destino. Borges, en el poema "Ajedrez", hace alusión a lo anterior: 

“Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonías?"

 . Borges compara la relación de Dios con sus creaciones como un juego de ajedrez, donde los blancos días y las negras noche, tienen su similitud con los cuadros blancos y negros. En su libro Historia Universal de la Infamia, nos cuenta cómo el destino de una guerra se resuelve con el juego de ajedrez de dos generales.


El concepto del dios como administrador de los destinos de los hombres no fue el único aspecto de la divinidad que le llamó la atención. También se interesó por la idea del dios demiurgo o creador, y de la posibilidad de que un hombre alcanzara ese poder magnánimo. Inspirado en la obra del vienés Gustav Meyrink, Der Golem, y en los libros del erudito divulgador cabalista Gershom Scholem, el escritor argentino analiza la historia del sabio rabino Judá León Ben Bezabel, el Maharal, aquel que pudo dar vida a un muñeco de barro, concepto conocido en el mundo de la mística judía, o cábala, como el Golem. Su nefasta creación, sin embargo, tan sólo podía llevar a cabo las tareas más rudimentarias, como barrer la sinagoga, o quedarse postrado mirando con intriga inquietante las acciones de su creador. Podemos encontrar este concepto en sus ensayos (El libro de los seres imaginarios: "El Golem") y en su poema "El Golem", del libro El otro, el mismo:

“Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa esta la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo” .


Los judíos buscaron el nombre de Dios en los textos sagrados para poder ser como Él. En su cuento “Las ruinas circulares”, un hombre crea, por medio de un sueño, un ser que es incapaz de sufrir daño por el fuego, y en “La biblioteca de Babel”, el bibliotecario que encuentra el libro perfecto y lo lee, llega a ser “análogo a un dios”.

Gutiérrez Girardot plantea que la génesis de este tópico nace de una pregunta teológica, pero su esencia es literaria. A partir de esto reconoce que “la imagen de Dios y del mundo que constituye la sustancia de la obra de Borges y que da a ella su cerrada unidad (que genera, a su vez, una unidad de estilo), se diferencia en ciertos aspectos de la idea de Dios y del mundo que ha dominado hasta ahora al mundo hispánico, para el cual Dios y el mundo ordenado son supuestos de los que no se puede ni se debe dudar” . Gutiérrez Girardot reconoce que Borges es revolucionario en Latinoamérica al hacerse este cuestionamiento (“El mundo como un orden y Dios como su creador”33) y jugar con la pregunta sin dar una respuesta directa: “Esta actitud inquisitiva de Borges es lo que constituye su peculiaridad dentro de la literatura de lengua española”33. 



Otro tema borgiano son los tigres. En su último libro de cuentos, Borges titula un texto “Los Tigres Azules”, donde un cazador se va a la India para buscar éste raro espécimen. Leonor Acevedo de Borges recuerda que en su infancia “cuando era muy joven dibujaba animales. Tirado en el suelo sobre el vientre, comenzaba siempre por el final, dibujando primero los pies. Dibujaba tigres, que eran sus animales favoritos. Era el animal que lo maravillaba por horas en el zoológico cerca de su casa” . Dicha obsesión no cambió durante el transcurso de los años; podemos recordar los poemas: “El tigre” , “El oro de los tigres” o “El otro tigre”:

“Es un tigre de símbolos y sombras,
Una serie de tropos literarios
Y de memorias de la enciclopedia
Y no el tigre fatal, la aciaga joya
Que, bajo el sol o la diversa luna…"

 .En El Libro de Los Seres Imaginarios, Borges recuerda la historia de “Los Tigres de Annam”:


"Para los annamitas, los tigres o genios personificados por Tigres rigen los rumbos del espacio. El Tigre Rojo preside el Sur (que està en lo alto de los mapas); le corresponden el estío y el fuego. El Tigre Negro preside el Norte, le corresponden el invierno y el agua. El Tigre Azul preside el Oriente, le corresponden la primavera y las plantas. El Tigre Blanco preside el Occidente, le corresponden el otoño y los metales. Sobre estos Tigres Cardinales hay otro tigre, el Tigre Amarillo, que gobierna a los otros y está en el Centro, como el emperador está en el centro de la China y China está en el centro del mundo” . Borges plantea que las primeras imágenes de su infancia fueron los tigres, y que el último color que le dejó su ceguera fue el amarillo.

El poeta Juan Manuel Roca en el texto "Borges y la noche", dice: "En la obra del poeta argentino, ese espacio de la nocturnidad como recinto, es a veces espejo, penumbra o tigre que, evocando a William Blake, brilla en los bosques del lenguaje"87. El poeta Miguel Méndez Camacho reconoce, que dentro de la obra de Borges, un recurso con gran valor es la existencia del tigre. La influencia en su vida de dicho animal recayó en su prosa y en su poesía.   El tigre borgiano tiene infinidad de máscaras. Podemos recordar que en un felino diferente, su personaje Tzinacan, un mago de la pirámide de Qaholom ve entre sus manchas la escritura de Dios. Otra mención se encuentra en su texto “Los tigres azules”, en donde se transforma en un fenómeno matemático que se prolonga hasta el infinito. Se reconoce al tigre como un ser mítico, infinitamente hermoso y desconocido

El ritmo sensual del tigre es imitado en las cadencias del tango. Bajo la Maleva, mujer que lo ha dejado, el tigre aún sigue siendo el depredador por excelencia. No importa vencer o ser vencido, lo importante es el rito de la caza. El tango también es una lucha; es el tigre de las dagas. Cada uno es un tigre a su manera: gana el más diestro, aquel que clave el primer diente o cuchillo. El oro es de los tigres, y propia es su mágica forma de resguardar esta fortuna entre intrínsecos barrotes negros. Borges lo sabía; y guardó, en aquella cárcel de la ceguera, una vaga nube amarilla que alguna vez tuvo forma.
También el tiempo como duración infinita es un elemento capital en la obra borgiana. Como las velas de Kavafis, nuestra vida es insignificante frente al transcurso del tiempo que ha pasado y pasará. En su libro El Aleph hay un cuento llamado "El Inmortal", donde plantea que el hombre es incapaz de soportar su inmortalidad. Su personaje Flavio, al final de los días, busca un río que le permita morir. En el poema "El Reloj de Arena", Borges nos recuerda la metáfora de Heráclito, donde el tiempo y el destino son dos elementos imponderables:

“Está bien que se mida con la dura

Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En el que Heráclito vio nuestra locura”

 .El critico colombiano Jaime Mejía Duque plantea que en la obra de Borges “no es casual ni gratuito ningún adjetivo, ningún paréntesis, ningún signo de puntuación, tampoco lo son en su personalidad dos obsesiones que sabemos recurrentes en la contextura de su obra: la eternidad y el infinito” . Mejía Duque afirma que en la obra de Borges “la noción del tiempo asume la imagen del Gran Tirano” donde su simbolismo crea una obra con sentido trágico y cíclico del conocimiento y de la historia. Para dicho argumento analiza el ensayo de Borges “Nueva Refutación del tiempo” , donde el escritor argentino reconoce el tiempo como desgastador del hombre: “el tiempo es un río que me arrebata”.

Los laberintos son otro concepto constante en su obra. Para comenzar a desglosarlos, debemos traer a colación, cómo Borges recuerda la primera vez que vio aquel artificio: "Recuerdo un libro con un grabado en acero de las Siete Maravillas del Mundo; entre ellas estaba el Laberinto de Creta, un edificio parecido a una plaza de toros con unas ventanas muy exiguas, como unas hendijas. Yo, de niño pensaba que si examinaba bien ese dibujo, con una lupa podría llegar a ver el Minotauro…"” . La imagen del laberinto eterno, sinónima del espacio infinito, es el lugar donde ocurren muchos de sus cuentos; podemos recordar “La casa del Asterión”, un minotauro humanizado que vive en una residencia con infinitas puertas (“El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca del Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos”). Dicho tropo, lo encontramos también en los cuentos “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”, “Los dos reyes y los dos laberintos” , “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La biblioteca de Babel”  (lugar que no tiene comienzo ni fin) o su poema “Laberinto” publicado en Elogio de la Sombra

El sociólogo y académico colombiano Gilberto Bello define al laberinto borgiano como “un sitio que se pierde en el tiempo, en la doble imaginación. Borges imaginó ese lugar en muchos de sus relatos, lo vio como la bifurcación, la multiplicación y las distintas direcciones” . Ante esto reconoce que en los textos del escritor argentino siempre existe un cuestionamiento por el arquitecto divino de este artificio, aquel que le da un sentido al espacio inconmensurable, incomprensible y trágico que representa el laberinto. Este sentido, es el viaje iniciático hacia un conocimiento superior y oculto que el laberinto guarda en su centro, como tesoro de la eternidad, vedado a la vista de los hombres

Piedad Bonnet plantea que los antecesores de Borges que han hablado sobre el laberinto y el espacio infinito son el gran grabador y arquitecto italiano Gian Battista Piranesi, el dibujante alemán Maurits Cornelis Escher y el escritor checo Franz Kafka. La poeta colombiana reconoce que “las cárceles de Piranesi prefiguran ya los laberintos kafkianos: vemos en ellas espacios inmensos que se fugan sugiriendo el infinito, poblados de pasarelas, arcos, muros dudosos, puertas, escalinatas que se multiplican” . Luego reconoce que dos siglos después Kafka “creará un mundo tan opresivo y carente de centro como el de las Cárceles imaginarias de Piranesi. Ya es un lugar común hablar de lo kafkiano para referirse a los espacios sórdidos y laberínticos”47. Luego desarrolla la influencia de estos artistas en la obra del escritor argentino: “También en Borges, la pregunta sobre el lugar del hombre en el mundo se expresa a menudo a través de lo espacial”47, reconociendo que el laberinto más terrible lo construye la inmensidad.


El poeta colombiano Juan Manuel Roca, en su texto “Borges y la noche”, reconoce que los espejos, la noche y los laberintos “son símbolos que se intercambian en la poética de Borges” ; el intelectual colombiano asegura que existe una relación estrecha entre la noche y el laberinto, trasformándose en la misma materia, expresando que "el laberinto quizás resulte una forma de dar vueltas en torno de sí, de intentar traducirse para traducir de igual manera a los demás". El periodista Enrique Ruiz García considera que existe una relación entre las matemáticas y la literatura en los laberintos borgianos: el "análisis abstracto donde la literatura del laberinto deja ocasión a que trasciendan aquellas corrientes en las que el fuego deja paso a las matemáticas", examinando que los puntos descriptivos que plantea Borges en sus textos, recaen en el espacio de la abstracción matemática.


El poeta Juan Gustavo Cobo Borda, reconoce que los espacios borgianos están llenos de horror y encanto, donde aquel hombre que entre en el laberinto, estará condenado a perder su condición humana: "razón y violencia, hombres a la vez que animales, y esa zona informe y pululante donde las bestias no terminan por acceder a la condición humana y los hombres recaen  en el salvaje primitivismo de los animales en medio de un entramado de instituciones arbitrarias, lenguajes equívocos y ciudades atroces que Borges ha desnudado en algunos de sus escritos” . Esas “ciudades atroces” castigan a sus personajes y los llenan de temor por su dificultad de salir, de escapar, por el peligro de muerte que representan

Gremios y cofradías han usado el laberinto como un símbolo del viaje iniciático requerido para entrar a sus ocultos y peligrosos conocimientos. El mandala de los hindúes nos representa también el camino tortuoso y complicado que requiere el verdadero conocimiento. Existe un laberinto natural, aquel que toma la forma de nuestro cerebro, donde se pierden los pensamientos, las ideas y las promesas. También existe un minotauro; el invencible olvido. Borges le temía y le huía incluso más que a los espejos. Su intrincado viaje por el laberinto de su memoria lo llevó finalmente a las esquinas donde el minotauro no podía llegar. Como hombre y mortal, jamás llegó al centro absoluto de su conocimiento, pero sabemos que lo buscó con valor estoico.


La calidad intelectual que tienen los tropos literarios del escritor argentino y la forma de expresarlos, lo llevó a ser reconocido como un escritor para escritores. Algunos temas como la cábala o la poética llaman la atención pero no son muy reconocidos en nuestro continente por su especialidad; sin embargo, su generosidad en la aparición de cada uno de ellos, representa un contacto inimaginablemente educativo sobre temas que antes de leerlos en sus textos eran desconocidos. En su obra, gracias a estos múltiples temas, podemos vislumbrar asimismo su colosal apertura intelectual, acompañada siempre de una profunda investigación que lo llevó a descubrir y exponer, ante el occidente latino, temas que antes no eran relevantes, y que hoy se constituyen como pilares del pensamiento literario y estético.

En sus páginas delató, implícitamente, la forma como se educaba y se conocía en Latinoamérica, invitándonos a investigar más y a ser lectores interactivos, a preocuparnos por la profundización de temas universales que nacen en el cofre de un rey Persa o en el libro de una completa biblioteca. Nos mostró que, como lectores, somos las prolongaciones de esas eternas imágenes.


25. Este texto se encuentra en algunas copias de El Hacedor. Borges, Jorge Luis. El hacedor, Emecé, Buenos Aires, 1960.


26. Borges, Jorge Luis. Historia de la noche. Emecé, Buenos Aires, 1977.

27. Borges, Jorge Luis. El hacedor, Emecé, Buenos Aires, 1960

28. Borges, Jorge Luis El libro de los seres imaginarios, Alianza Editorial, Madrid, 1995. También se encuentra en el 29 Manual de Zoología fantástica, textos muy parecidos.

29. Gutiérrez Girardot, Rafael. “Jorge Luis Borges”. Revista Mito. Noviembre, diciembre de 1961 y enero y febrero de 1962. Nº 30. 39 y 40 Págs 119 a la 125. Roca, Juan Manuel. “Borges Inmortal”. Número, Nº 23, septiembre, octubre y noviembre 1999. Págs Separata 1 hasta la 24.

31. Borges, Jorge Luis. El hacedor. Emecé, Buenos Aires, 1960.

32. Borges, Jorge Luis. El otro el mismo. Emecé, 1965. (Reeditado tiempo después en 1972 Borges, Jorge Luis. donde el mismo Borges modificó algunos versos y eliminó algunos poemas).

33. Gutiérrez Girardot, Rafael. “Jorge Luis Borges”. Revista Mito. Noviembre, diciembre de 1961 y enero y febrero de 1962. 34 Nº 39 y 40 Págs 119 a la 125.

34. Barnatán, Marcos – Ricardo. Borges. Biografía Total. Editorial Temas de hoy. Bogotá. 1996.

35. Borges, Jorge Luis. Historia de la noche. Emecé, Buenos Aires, 1977

36. Borges, Jorge Luis. El oro de los tigres. Emecé, Buenos Aires 1972

37. Borges, Jorge Luis. El hacedor. Emecé, Buenos Aires, 1960.

38. Borges, Jorge Luis El libro de los seres imaginarios, Alianza Editorial, Madrid, 1995. También se encuentra en el Manual de Zoología fantástica, textos muy parecidos.

39. Borges, Jorge Luis. El hacedor. Emecé, Buenos Aires, 1960.

40. Mejía Duque, Jaime. “De nuevo Jorge Luis Borges”. Revista Mito. Noviembre, diciembre de 1961 y enero y febrero de 1962. Nº 39 y 40. Págs 129 a la 140.

41. Borges, Jorge Luis. Otras inquisiciones. Emecé, Buenos Aires, 1996.

42. Fernández, Teodosio. Jorge Luis Borges, Álbum biográfico y fotográfico. Alianza Editorial. Madrid. 1999.

43. Borges, Jorge Luis. El Aleph. Alianza Editorial, Madrid, 1995.

44. Borges, Jorge Luis. Ficciones. Losada, Buenos Aires, 1981.

45. Borges, Jorge Luis. Elogio de la sombra. Emecé, Buenos Aires, 1969.

46. Bello, Gilberto. “Borges el tiempo ya esta lejos de mí”. El Espectador. Bogotá (29 junio, 1986). Magazín Dominical. Pg 4.

47. Bonnett, Piedad. “Borges Inmortal”. Revista Número, Nº 23, septiembre, octubre y noviembre 1999. Separata Págs 1 hasta la 24

48. Roca, Juan Manuel. “Borges Inmortal”. Número, Nº 23, septiembre, octubre y noviembre 1999. Págs Separata 1 hasta la 24

49. Cobo Borda, Juan Gustavo. Borges Enamorado. Serie granada entreabierta. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá 1999
Fuente: http://www.siderola.com/

































En su texto El Libro de los Seres Imaginarios, Borges nos recuerda los seres detrás del espejo, aquellos que fueron castigados por intentar invadir nuestro mundo con la obligación de repetir lo que nosotros hacemos: "Una noche, la gente del espejo invadió la Tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Este rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles” . Pero Borges nos recuerda la sentencia: “Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico”.

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