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Escritos de Daniel Aníbal Galatro

Las visiones de la muerte - Daniel Aníbal Galatro


En la publicación virtual "Grandes Medios" que recibo abundantemente vía internet, y más específicamente en la nota http://www.grandesmedios.com/la-muerte-segun-la-ciencia/ , se recogen diversas ideas surgidas de investigaciones que la ciencia está llevando a cabo acerca de los sueños antes de la muerte.

Un párrafo lo han dedicado a las imágenes que ya vienen comprobando que, en mi caso particular, han sido muy numerosas, ordenadas, agradables, sorprendentes y hasta premonitorias.

Dicen ellos que una experiencia frecuente de las personas próximas a morir son los sueños. De acuerdo a un estudio realizado en un hospital para enfermos terminales en Estados Unidos, el 88% de los encuestados manifestó haber tenido por lo menos un sueño o visión, que se distinguían de los sueños habituales por tener mayor claridad y parecer mucho más reales.

Eso dicen ellos. Ahora bien, ¿qué digo yo después de haber atravesado esa etapa de lo que finalmente consideré un "simulacro programado de la muerte"?  

La estadística que mencionan me incluye en el 88% que compartimos la experiencia. Esto es, que si digo que manifesté sueños o visiones estaría aceptando que me cuento entre los de la regla y no los de la excepción. Y es verdad que fueron muy claros y que me parecieron absolutamente reales. Se sumaron a la sensación global totalmente de paz y felicidad que me rodeó durante esos días.

De los otros puntos que trata la nota no me siento en condiciones de opinar, al menos por ahora. Si has pasado por una situación parecida en poco o en mucho, te agradecería me enviaras un email a complejoculturalgalatro@gmail.com pues realmente conocerla me resultaría verdaderamente interesante y podría comentarte detalles adicionales sobre lo que yo viví (en realidad, sobre lo que yo morí).

Desde ya mi saludo y mi agradecimiento.

Prof. Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina





Vida, muerte y estados intermedios -video Daniel Galatro


¡Hola! Aquí estoy, intentando compatibilizar corrientes de ideas que generan algunos remolinos en mi pensamiento. Aclaremos.

Ya estaríamos, yo y los de ustedes que han sentido curiosidad y siguen estos flashes que ayudan a mantener vivos en algunos rincones de mi cerebro los recuerdos almacenados allá por enero de 2009, transitando un quinto apunte, este que habla de los piratas, el cofre del muerto y la botella de ron. El que ha permitido colisionar como hadrones perdidos en el universo esta historia que me ocurrió y convertí en relatos con la Isla del Tesoro del famoso Stevenson.

Pero transmitirte ese relato que solamente ha dejado huellas en una parte de mi ser que algunos llaman "alma" y otros "espíritu" no es nada sencillo. Cómo describirte con detalles creíbles cosas que en la realidad dicen que nunca sucedieron así, lugares que nunca existieron así. Me resulta difícil y creo que tú te cansarás antes de leer mis balbuceos que yo de escribirlos, simplemente porque me han ocurrido a mí y no a ti, por simple decisión del destino.

Aquí viene un 5to. apunte, he dicho, esta vez en forma de video. En este mismo blog encontrarás 4 pequeños análisis que procuran instalar en tu conocimiento y grabar como recuerdos tuyos cosas que te costará aceptar con seriedad, aún cuando han sido para mí tan serias como las más. Y luego de esta nota habrá otras, porque es mucho lo que me sucedió cuando todos creían que no me sucedía nada. Pero me ayuda que a un gran número de personas les pasó algo parecido, y mal de muchos...

Aquí encontrarás el video y espero tus comentarios, observaciones, críticas, en fin, todo eso que enriquece este curioso relato de curiosos sucesos que acompañaron mi curioso simulacro de fallecimiento, o lo que haya sido.

Gracias por estar allí.



 Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com

Esquel - Chubut - Argentina

Recuerdos de mi muerte 4 - Daniel Anibal Galatro




La esquina del templo.

Una nueva "puntatta", diría un periodista italiano. El tema de mi experiencia de Enero del 2009 va tomando forma a través de estos apuntes. Y van surgiendo otras historias paralelas narradas por mis buenos amigos que confirman que "estas cosas pasan" y quizá no sean infrecuentes.

De vez en cuando alguien de esta realidad tiene la oportunidad de asomarse a algún otro lado y regresa con elementos que permiten suponer o confirmar lo que de eso se habla desde los primeros tiempos de la humanidad, es decir, desde la aparición de los seres autoproclamados "racionales" que exhibimos con orgullo nuestro lóbulo prefrontal. Y quizá, como lo propuse en una novela de hace siete años, éso sea realmente lo que la Biblia dice que constituye nuestra "imagen y semejanza de Dios".

Olguita me dice que en estos primeros apuntes estoy demasiado "geográfico", es decir, describo lugares que la mayoría de los lectores amigos no conocen y, por tanto, que no les significan demasiado. No así a quienes tienen experiencia esquelense y entonces pueden dimensionar mejor la importancia o no que esos lugares pueden tener. Y me pregunta por qué no les cuento lo realmente conmovedor de la historia: mi paso por el túnel hacia "el otro lado", que pudo coincidir según alguna mucama o enfermera del hospital con el espacio en el que se encuentra la morgue. O por qué no les digo del mensaje que encontré allí y que tenía relación con la misión por la que estaba en este tiempo en este mundo. O por qué...

Seguramente Olguita tiene razón (siempre la tiene), pero mis recuerdos están acumulados en mi corteza cerebral en forma relativamente desordenada y en cada apunte meto una imaginaria mano y saco lo que saco. O me guío por estas fotografías que anduve registrando en los últimos días. Ya habrá tiempo luego para armar un relato más coherente pero recuerdo a Olguita y a los amigos, que éstos son "apuntes" volcados algo al azar. Y hasta aquí "me da el cuero" en los primeros intentos de organización de la memoria.

Por eso en este cuarto apunte les contaré sobre la esquina de  Av. Fontana y 9 de Julio, hacia el oeste. Frente a La Anónima II, en el lugar donde suelen colocarse automóviles en venta, creo, y en el que puede verse un paredón decorado con pinturas. ¿Qué había allí cuando salíamos a caminar por las noches en esos paseos que nunca se dieron en la cruda realidad que me tenía postrado en una camilla y conectado a tubos diversos, con solamente mi subconsciente o lo que fuera andando por allí?

Era un templo enorme, parecido a la Catedral de Buenos Aires, con unas columnas de un metro de diámetro y diez metros de altura. Le atribuí la propiedad de ser la iglesia mayor de Esquel, aunque en realidad no recuerdo que tuviera ningún símbolo identificatorio tal como una cruz. Entonces, podría haberse tratado de un edificio destinado a otra cosa, lo que no pude verificar pues nunca cruzamos la Fontana para verlo de cerca.

Pero uno de los atardeceres en que nos detuvimos en la esquina opuesta (la de la frutería y verdulería que encontrarán allí), vimos detenido sobre la vereda un joven sentado sobre una pequeña motocicleta antigua y sosteniendo en su mano un megáfono a través del cual lanzaba su mensaje.

Alguien nos dijo que era uno de los entrenadores de esquí del cerro La Hoya, que muchas veces usaba su tiempo libre, generalmente al anochecer, para decirle a los transeúntes locales y a los turistas que pasaban por donde él estuviese, que había llegado el tiempo, que los seres de otras galaxias estaban acercándose y que comenzaríamos a relacionarnos con ellos. Que no había que tener miedo pues venían en misión de buena voluntad, y que todo iba a estar bien.

Como Olga y yo coincidíamos con sus ideas, se lo demostramos desde lejos saludándolo con las manos y luego mostrándoselas con los pulgares levantados. Y él nos respondió bajando el megáfono para sonreírnos abiertamente.

Fue la única vez que lo vimos y creo que la única vez que prestamos atención a ese edificio.

Según me cuenta Olgui, en uno de mis "regresos" le dije que los seres extraterrestres eran en realidad los ángeles de Dios y que estaban para cumplir sus indicaciones. Y que estábamos en esa clínica - no sólo yo sino también ella - para ser "limpiados", es decir, puestos en las mejores condiciones para poder seguir cumpliendo nuestra misión terrenal.

Quizá haya sido luego de mi experiencia extracorpórea en la que nos encontramos con el joven del megáfono. No lo sé, pues no logro secuenciar las cosas que me pasaron. Las recuerdo todas como "postales", es decir, como hechos aislados.

Será hasta el próximo recuerdo. Gracias por los comentarios que me hacen llegar. Por si algo le faltaba a esta historia, la participación de ustedes la enriquece cada día.

Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina.

Recuerdos de mi muerte 3 - Daniel Anibal Galatro


Encuentro con el gallego.
¿Un toque más a los recuerdos de lo que quizá nunca me ocurrió realmente?

"Realmente". Un término que pretende separar la realidad de la ficción, la vigilia de los sueños, lo obtenido de lo deseado. Pero, ¿dónde está el límite que separa esos universos? El maestro Borges jugó con ese límite y creó un mundo gris en el que la intensidad de la luz se fundía en la intensidad de la oscuridad para crear una penumbra maravillosa.

En fin. Carguémonos la liviana mochila al hombro y sigamos andando por estos caminos que bucean en lo que alguien seguramente considerará una introspección, una insight o algo así.

Comenzamos ubicándonos en el cruce de Sarmiento y 9 de Julio, en una ciudad de Esquel que tenía un cierto parecido con la que consideramos "real", un parecido suficiente como para reconocerla pese a los múltiples cambios que iré detallando poco a poco. El primer apunte enfocó la esquina oeste, el segundo la esquina norte y hoy contaré algo sobre cómo era la esquina este, la de la ferretería que se ve en la fotografía adjunta.

Nada de lo que hoy pueden encontrar en esa cuadra aparecía en la visión que se me brindaba desde la antigua ventana de la clínica. Ni siquiera tenía otra visión cuando crucé la Sarmiento e ingresé al majestuoso hotel propiedad del doctor Richardson. Era una sucesión de edificios de varios pisos, algunos de dos o tres pero quizá otros llegaban a cuatro o cinco. Modernos, importantes, me hacían recordar la sucesión de construcciones que vi muchas veces en Mar del Plata sobre la calle Alberti, por ejemplo, a la altura de Alsina, cerca de la antigua terminal de ómnibus.

Uno de ellos era el hotel del gallego, personaje muy interesante que conocí mientras él conversaba en el lobby del edificio de las columnas con su dueño. Daba la impresión de que no eran competidores en el tema del turismo sino amigos que se dedicaban a lo mismo o casi.

El gallego tenía un marcado acento como suelen mantener algunos hispanos durante toda su vida aunque haga décadas que llegaron a nuestro país. Así siempre dan la impresión de que recién desembarcaron y mantienen un lazo indisoluble con la tierra que los vio nacer.

Como siempre, yo intentaba la posibilidad de un contacto para ofrecerle publicitar en nuestra revista virtual. Pero los dos hombres estaban en el centro del sector izquierdo del hall, algo hacia el fondo del lugar, y no me atreví a acercarme.

En cambio, me senté en uno de los cómodos sillones de tres cuerpos que se hallaban más próximos a la entrada y me puse a canturrear una canción aprendida de mis abuelos maternos. "Ondiñas veñen, ondiñas veñen, ondiñas veñen y van..." comencé a murmurar siguiendo la famosa música, levantando poco a poco el volumen para que el gallego se percatara de mi presencia y se acercara para hablarme.

Luego de unos cinco minutos de afrentar la hermosa lengua de Rosalía de Castro, y cuando ya otras personas me miraban algo molestas, el hombre se despidió del médico y caminó hacia mí. Mientras pasaba a mi lado me sonrió amablemente, me tocó la cabeza, expresó algo como "Sigue así." y continuó caminando hacia la puerta, seguramente rumbo a su hotel.

Ésa fue la única vez que lo vi y así perdí la oportunidad de alegrar esa noche a Olga contándole que había conseguido otra muy necesitada publicidad para nuestro "Mundo" en internet. Esa noche porque, en mi sueño, ella venía todas las noches a verme a la clínica y salíamos a "dar una vuelta" por Esquel. Algo imposible porque mi cuerpo estaba en Terapia Intensiva, coma inducido y todo eso, muy lejos de poder suponerlo andando por Alvear, por Fontana o por cualquier otra arteria de la bella ciudad.

¿Es muy difícil imaginar tantos detalles? En realidad (¡otra vez la palabrita!) eran muchos más los que se aferraron hace ocho años a mi mente y no quieren irse de allí. En cualquier momento continúo. Un saludo afectuoso.

Daniel Aníbal Galatro
Esquel, Chubut, Argentina.

  

Recuerdos de mi muerte 2 - Daniel Anibal Galatro


(Ver los capítulos anteriores en este mismo blog)

¿Dónde suponía que estaba? Sin casi dudarlo, puedo afirmar que la clínica en la que estaba internado se localizaba en la esquina oeste de la intersección de 9 de Julio y Sarmiento (donde en la "realidad" se alza un importante hotel de la ciudad). De vez en cuando, en mi "delirio" miraba por una ventana, y más tarde, cuando anochecía, salía a "dar una vuelta" con Olga que me venía a buscar.

Era un edificio antiguo con ventanales muy altos, cada uno con persianas típicas verticales plegables, amplios vidrios, y cortinas que también reflejaban muchos años de servicio. La habitación - que luego resultó tener un parecido con la sala de internación de cirugía del hospital - tendría unos 8 metros por 4, más o menos, y recuerdo dos o tres ventanas que daban hacia la esquina norte de la intersección (de la que tengo mucho para contar), es decir, cruzando la calle Sarmiento, y una ventana más que daba hacia la esquina sur.

Sobre la calle 9 de Julio estaban las también antiguas puertas por las que se ingresaba a la clínica, situadas a continuación de esta sala, y pasaban por esa vía numerosos automóviles, varios ómnibus urbanos y también había una parada de taxis, que no eran blancos como los reales en Esquel sino amarillos al estilo neoyorkino.

Aquí coloco un punto y aparte que me permita separar este apunte del que le seguirá, si Dios quiere. Quedo a la espera de la continuación del relato, pues seré como de costumbre no solamente quien lo escriba sino también el primero en leerlo (y seguramente en sorprenderse con él).

(continuará)

Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina


Recuerdos de mi muerte 1 - Daniel Anibal Galatro


¡Hola, amigos! Tal y como anticipé en la nota anterior, comenzaré aquí a desgranar recuerdos que una vez fueron apuntes y ahora se irán integrando para compartir lo que me ocurrió cuando desde la sala de terapia intensiva del Hospital Municipal de Esquel algo de mí disfrutó de experiencias que me quedaron profundamente grabadas en mi mente.

No será un discurso sino más bien un diálogo porque en los comentarios al pie de estos "posts", o a través de los mensajes en mi facebook (Daniel Aníbal Galatro) o en mi tweeter (DGalatr), o mediante emails a danielgalatro@gmail.com podré conocer y responder cualquier consulta o comentario que deseen realizarme a lo largo de estas publicaciones.

Les recuerdo que paralelamente tendrán a su disposición el relato que Olga escribió sobre su visión propia y sufrida de lo sucedido que conforma el e-book "El día en que él murió y yo lo vi".

Así que, si les parece, comenzamos.

"NOTA PREVIA

Hola, amigos.

Si bien ya lo he dado a conocer en algunos recovecos de Internet a través de mi blog personal, hoy, seis años y algo más después de sucedido creo que merece este hecho una revisión que lo actualice en mi mente y en la de quienes tengan a bien compartirlo.

Y me permití tomar con referencia casi absoluta de ese segmento de mi vida lo que escribiera y publicara en el 2012 bajo el mismo título y en forma de apuntes, esto es, algo así como ensayos breves que permanecen insistentes en mi mente negándose a asumir que hayan sido solamente sueños inducidos por la morfina recibida durante mis días en terapia intensiva.

Sin más, vayamos al asunto.

Daniel Aníbal Galatro
Esquel – Chubut - Argentina
Marzo de 2015."

"Creo que ya, luego de más de tres años de acontecido el suceso - por llamarlo de alguna manera - es tiempo de que cumpla con mis promesas a amigos y conocidos. En realidad se trata de una única promesa con múltiples formas de cumplimiento, de las cuales la aquí elegida es una posible.

Me dice mi esposa Olga que ponga en antecedentes a los nuevos amigos pues desconocen que a principios de Enero del 2009 me aconteció un hecho que puso un toque más de interés a la para mí muy interesante vida mía.

Durante horas o días estuve oscilando entre la vida y la muerte, cruzando lo que me pareció un borde suave y placentero entre esos dos estados, tan agradable que no me producía más que placer transitar sus idas y sus vueltas.

Fuera de mi cuerpo, en el entorno que suelen llamar "real", todo era un verdadero drama que la misma Olga se ocupó de relatar ("El día que él murió y yo lo vi" - tituló la descripción de su terrible y dolorosa experiencia). Pero desde el momento en el que la anestesista cumplió con su labor (por primera vez, porque me cuentan que hubo una segunda y les creo) y me sumí en un suave sopor, hasta que desperté a la conciencia más o menos plena en la sala de internación postquirúrgica del Hospital de Esquel, no puedo hoy asociar ninguna experiencia “¿vivida?” con algo triste o doloroso sino todo lo contrario.

Por supuesto, los comentarios de estas notas estarán abiertas para cualquier consulta u opinión. No he olvidado mucho de lo sucedido, ya que de vez en cuando registré en notas escritas en un cuaderno las imágenes y detalles que podían escapárseme de la memoria por el paso del tiempo. Y el intercambio con ustedes me ayudará a reflotar algunos recuerdos que el fluido de los meses pudo haber arrastrado o, al menos, aflojado.

En mis vivencias (¿o "muriencias"?) de esos días en que la morfina y los algo más que me inyectaron mientras mi cuerpo reposaba en la Unidad de Terapia Intensiva conectado al mundo por variados cañitos que llevaban o traían fluidos variados, el Esquel que me rodeaba era en mucho parecido al Esquel real, aunque con ciertos cambios que comenzaré a relatar.

Agradeceré, repito, toda precisión que me pidan porque me ayudará a rescatar los detalles. Y de aquí saldrá una novela - real o de ficción, ustedes dirán - que les debo y me debo.

¿Dónde suponía que estaba? Sin casi dudarlo, puedo afirmar que la clínica en la que estaba internado se localizaba en la esquina oeste de la intersección de 9 de Julio y Sarmiento (donde en la "realidad" se alza el hotel que muchos esquelenses y turistas bien conocen). De vez en cuando, en mi "delirio" miraba por una ventana, y más tarde, cuando anochecía, salía a "dar una vuelta" con Olga que me venía a buscar.

Era un edificio antiguo con ventanales muy altos, cada uno con persianas típicas plegables, amplios vidrios y cortinas que también reflejaban muchos años de servicio. La habitación - que luego resultó tener un parecido con la sala de internación de cirugía - tendría unos 8 metros por 4, más o menos, y recuerdo dos o tres ventanas que daban hacia la esquina norte de la intersección (de la que tengo mucho para contar), es decir, cruzando la calle Sarmiento, y una ventana más que daba hacia la esquina sur.

Sobre la calle 9 de Julio estaban las también antiguas puertas por las que se ingresaba a la clínica, situadas a continuación de esta sala, y pasaban por esa vía numerosos automóviles, varios ómnibus urbanos y también había una parada de taxis, que no eran blancos como los reales en Esquel sino amarillos al estilo neoyorkino.

Aquí coloco un punto y aparte que me permita separar este apunte del que le seguirá, si Dios quiere. Quedo a la espera de la continuación del relato, pues seré como de costumbre no solamente quien lo escriba sino también el primero en leerlo (y seguramente en sorprenderse con él)."

Daniel.

Cómo compartir contigo los recuerdos de mi muerte


Durante los días que transcurrí aparentemente inconsciente en lo que llaman "coma inducido", algo de mí se potenció y experimenté situaciones experiencias que dejaron huellas profundas en lugares infrecuentes de mi memoria. Esos recuerdos siguen siendo tan vívidos o más que los generados antes y después por sucesos habitualmente considerados como "reales". Han pasado ya siete años y quizá el ejercicio de relatarlos de tanto en tanto los han realimentado manteniéndolos en un estado vegetativo del que cuesta poco hacerlos salir para verlos florecer nuevamente.

Por eso decidimos con mi esposa manejar los dos planos de conciencia tan diferenciados como nos sea posible: la realidad que ella vivió junto a mi cuerpo casi exánime y la irrealidad que yo viví saliendo de él. Así hay un relato que la mayoría considera fue lo "real", escrito por ella,y otro relato que una minoría lo toma como "imaginario", escrito por mí como único testigo.

Las vivencias de Olga son profundas, basadas en sentimientos como el dolor, el miedo, la angustia, el amor, la fe,esto es, afectan elementos del alma de los que todos nuestros amigos lectores han tenido en mayor o menor grado alguna experiencia anterior. Eso lo hace algo más simple de compartir y genera una empatía natural que se resuelve en reacciones como el llanto. Mis recuerdos, en cambio, han surgido de otras fuentes con las que solamente yo tuve contacto en este caso y pueden tener algún eco significativo en unos pocos que han vivido o han creído vivir situaciones parecidas.
¿Es la vida después de la vida? No estoy tan seguro. No me parece que este "otro mundo" por el que creo anduve transitando esté más allá del que habitualmente me albergaba antes y me siguió albergando después. Mas bien lo siento como un "universo paralelo" que siempre está allí aunque lo frecuentemos solamente en situaciones especiales. Por eso mi relato puede ser apto para aportar elementos tanto para que los creyentes en él corroboren sus ideas a favor como para que los incrédulos fundamenten su posición en contrario.

Quienes estén interesados en estas dos historias, que en realidad son dos visiones de una única historia, sepan que pueden adquirir un libro electrónico (e-book) con la versión de Olga, emocionante y muy recomendable, y que mi versión se irá publicando en este blog https://www.complejoculturalgalatro.blogspot.com por lo que no tendrá ningún costo económico. Si más adelante toma cuerpo para convertirse en un libro, tradicional o electrónico, allí decidiremos.

Cualquier consulta o comentario pueden enviarlo a mi correo danielgalatro@gmail.com

Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina
danielgalatro@gmail.com





La historia de un verdadero milagro: enero de 2009


Pocos meses después de nuestra llegada a Esquel, un par de cálculos alojados por años en mi vesícula biliar saltaron, uno al colédoco y otro al cístico, y los bloquearon, haciendo urgente una cirugía que resolviera la situación. Así me internaron rápidamente y las manos expertas de un cirujano del hospital de la ciudad los extrajeron definitivamente.

Pero las cosas se complicaron cuando, según me contaron después, algo hizo que me arrancara los tubos instalados en mi cuerpo y provocara ser llevado a terapia intensiva con un serio derrame interno que obligó a convocar diez dadores de sangre para realizarme una segunda intervención. Ese "algo" fue mi propia reacción no sencilla de explicar y que tuvo una visión externa y dolorosa soportada por mi esposa Olga, y otra visión interna y maravillosa generada en mi propia conciencia.

Todo duró algunos días y me puso a las puertas de una experiencia límite en la que parece he transitado una frontera que separa, o quizá une, la vida con la muerte, o quizá confunde ambas para crear un tercer estado intermedio que me fue dado conocer.

De esta situación surgieron luego dos relatos paralelos aunque en mucho diferentes: el de las vivencias de mi esposa ("El día en que él murió y yo lo vi") y el de mis propias visiones ("Recuerdos de mi muerte") y es tiempo de publicar una transcripción mejorada de ambos.

Han pasado varios años y los recuerdos siguen fuertemente impresos en mi memoria, tanto o más que los registrados de cosas a las que solemos llamar "reales", tanto que los amigos que las lean tendrán dificultades para distinguirlos de los que alguien considerará "imaginarios".

Sin capacidad verdadera para nosotros diferenciarlos, hemos decidido solamente ponerlos en su conocimiento y que cada uno haga su propia evaluación.

Paso a reescribir ambos sin alterar su contenido inicial pero dando más claridad a los escritos iniciales y posibilitando a los futuros lectores a consultarnos sus dudas y comentarios.

Desde ya, gracias por su interés en estos sucesos que marcaron profundamente nuestras vidas.

Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com
Esquel -  Chubut - Argentina
Diciembre de 2016.