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Algo más sobre una casa que no se convirtió en museo

Imponente. La casa que Victoria Ocampo donó a la Unesco. Tres plantas, sótano, galería y un amplio jardín dedicados a la cultura.
Para la promoción, el estudio, la experimentación y el desarrollo de actividades que abarquen la cultura, la literatura, el arte y la comunicación social”. Poco antes de morir, en 1979, Victoria Ocampo donó su mansión de San Isidro a la Unesco con esos propósitos, que fueron los de su vida y su acción a través de la revista y la editorial Sur. Un deseo que permaneció en suspenso durante más de veinte años, hasta que en 2003 se puso en marcha el Proyecto Villa Ocampo y la casa volvió a abrir sus puertas: la misma casa, luego de una minuciosa restauración, y a la vez una casa renovada para adecuarse a las necesidades de una vida en el presente.



Villa Ocampo consta de tres plantas de 450 m² cada una, sótano y galería. Fue construida en 1891 y su historia puede relatarse en tres capítulos. El primero va desde sus inicios hasta 1940, cuando fue la casa de Manuel Ocampo, el padre de Victoria, con un jardín de diez hectáreas que iba de Avenida del Libertador al Río de la Plata. La segunda etapa comienza en 1941, año en que la creadora de Sur ocupa la casa, a la muerte de su padre, con el jardín reducido a sus dimensiones actuales (10 mil m²); hay entonces modificaciones, cambios en la decoración de los ambientes y cobra forma lo que hoy es una colección que reúne once mil libros, 200 fotografías de valor histórico, pinturas, tapices y otros objetos artísticos.



Jorge Luis Borges y Graham Greene, Gabriela Mistral y Albert Camus, André Malraux y Le Corbusier fueron algunos de sus visitantes, y las huellas de esas presencias ilustres son parte del legado que atesora la casa en la tercera parte de su historia, a partir del Programa Villa Ocampo, desarrollado bajo la dirección de Nicolás Helft, por un acuerdo de la Unesco con el Estado argentino, la Municipalidad de San Isidro, la Asociación Amigos de Villa Ocampo y un conjunto de donantes y patrocinantes.



V de vanguardia



Una casa, no un museo. Esa es la primera definición. “Cuando muere Victoria, lo que se hace durante años es replicar el pasado —explica Helft—. Entonces toca Stravinsky, porque a ella le gustaba. Pero lo que importaba de Stravinsky era que representaba la vanguardia en su época; en el 2000 hay otra música de vanguardia. Lo que uno tiene que replicar es la idea de vanguardia, que hay que reactualizar”.



El ejemplo podría ser Siete noches, ciclo de danza, teatro y música programado por Diana Theocharidis, ex directora del Centro de Experimentación del Teatro Colón. “Los programas son un formato nuevo, original, y tienen que ver con la casa, con artistas emblemáticos como Alfredo Arias. Y a la vez no es la cosa nostálgica de decir «ay, a Victoria le gustaba Stravinsky, volvamos a hacer eso»; no estamos para hacer homenajes, porque Victoria no los querría, el mejor homenaje es seguir haciendo lo que ella hacía, transformar un país a través de la cultura”.



La sala del director preserva los muebles originales, libros, fotos, hasta la máquina de escribir que usaba Victoria Ocampo sigue en su lugar. A la vez hay una computadora, un escritorio, la puerta está entornada mientras Helft trabaja. “Pero los días de visita la puerta se abre y la sala es otro lugar para recorrer”, dice.



El proyecto apuntó a restaurar Villa Ocampo, iniciar una programación cultural y de visitas y revalorizar la casa, declarada monumento histórico nacional en 1997. “La restauración fue muy conservadora, en el sentido de que en algunos sectores preserva absolutamente todo, hasta hacer reposiciones mínimas de pintura de la época”, cuenta el director. El dormitorio de Victoria, la biblioteca, el escritorio y el baño fueron ambientados, y el resto de las habitaciones se destinaron a exposiciones y reuniones de trabajo.



“A la vez se hizo una categorización de los ambientes según la importancia histórica y patrimonial, la importancia de la habitación misma, de sus muebles, los usos que hubiera tenido —agrega Helft—. Hay partes que tienen renovación de mobiliario e infraestructura para permitir el trabajo, es decir para no transformar la casa en un museo que dependa únicamente de la visita y que apele a la nostalgia de una época perdida. Esta es una casa en actividad”. Y la actividad incluye muestras, cursos, conferencias espectáculos para niños y visitas a cargo de guías (ver aparte).



El estudio ambiental de la casa surgió “por esa tensión entre la idea de mantener en forma estricta las huellas del pasado, los testimonios no sólo de la cosa física, del libro y demás, sino las costumbres, los usos y la forma de vivir de una casa y por otro lado la necesidad de modernizar”.



Recuperar Villa Ocampo no sólo significó poner en condiciones el edificio, “testimonio de la Argentina opulenta del siglo XIX”, dice Helft. “Simplemente porque estaba ligada a la historia y aquí vinieron grandes artistas de su época, Victoria nunca tuvo conciencia del valor, del patrimonio de la casa, de los bienes, de las obras de arte. No hay fotos de esta casa, porque nadie pensaba que fuera una casa linda; los únicos que entendieron su valor fueron Enrique Pezzoni y (Adolfo) Bioy Casares”.



Entonces, sigue Helft, “se cruza el deseo de reinterpretar y actualizar el legado con el de difundir y hacer proyectos con impacto político y cultural, que es el rol de la Unesco”. Por eso, “no podemos sacar los libros, las obras de arte y los muebles, y tampoco podemos museificarlos; la idea es la de una casa única, donde hay visitantes, investigadores, espectáculos y reuniones de política cultural, y donde pueden convivir todos esos públicos”.



La mujer desconocida



En 1931 apareció en Buenos Aires el primer número de Sur, la revista donde Victoria Ocampo reunió a muchos de los grandes escritores e intelectuales de su época. Entre 1939 y 1977 publicó Testimonios, una serie en diez volúmenes que constituye el núcleo de su obra como escritora. Pero su perfil más conocido fue el que hoy entraría bajo el rubro gestión cultural, con la promoción y la difusión incansable de escritores y obras.



Acercarse a Villa Ocampo es también descubrir la intimidad de su antigua dueña. Aquí están los libros que formaban su biblioteca, con marcas y subrayados a veces en lápiz rojo como el caso del ejemplar de Eva Perón, ¿aventurera o militante? (1966), donde Juan José Sebreli contraponía las figuras de Eva y Victoria. Y están los más de mil libros con dedicatorias de sus autores, desde Jacques Lacan a Albert Camus.



“Todo el contacto de Victoria con los escritores de su época se daba en forma natural —destaca Helft—. La gente se confunde y dice «ah, era amiga de los ricos y famosos, de los Premio Nobel». Pero ella conoció a Camus y a Gabriela Mistral, por ejemplo, mucho antes de que ganaran el Nobel. Eso tenía que ver con su carácter de descubridora”.



La creadora de Sur fue también una de las fundadoras de la Unión de Mujeres Argentinas. “Ella trae a Stravinsky porque quería transformar el gusto musical, no para darse placer. Promovió traducciones de los clásicos para que la gente los conociera Pretendía hacer de Sur una revista popular, no algo para un público de elite. Era una política y traía una idea muy contemporánea: el mundo no se transforma con la economía sino a partir de la cultura”. Un impulso que en Villa Ocampo se siente vital.





Agradecimientos: Juan Pablo Correa y Mayra Decastelli.

Fuente: http://www.lacapital.com.ar/

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