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LENGUAS EN RIESGO - Elisabet Contrera




HABLAR EL MISMO IDIOMA QUE SUS PADRES Y ABUELOS ES, PARA MILES DE ARGENTINOS, UNA PRÁCTICA EN EXTINCIÓN. LA DISCRIMINACIÓN EN LAS AULAS Y EL DERECHO A LA IDENTIDAD.

EN LA ESCUELA TOBA COTAPIC (QUEBRACHO COLORADO), DEL PARAJE EL COLCHÓN, SE IMPLEMENTÓ LA ENSEÑANZA BILINGÜE HACE SEIS AÑOS.

Usar la lengua materna para comunicarse con los otros no es un derecho de todas las personas. Para los pueblos originarios de Argentina y América latina, se trata de una práctica casi en extinción. Así lo advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Tecnología (UNESCO) cada 21 de febrero, cuando se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Lengua Materna. De los más de 6.000 idiomas hablados en todo el mundo, 3.000 están en peligro de desaparecer. En el caso de Argentina, según especialistas, en los últimos años se impulsaron diferentes políticas educativas para mantenerlos activos (y con ello, sostener su cosmovisión y su cultura), pero las falencias en materia de capacitación, el escaso presupuesto asignado y los contextos de marginación y pobreza en los que sobreviven las comunidades originarias convierten en una utopía al objetivo de alargar la vida de esas lenguas.

Según datos de la UNESCO, desde que el ser humano empezó a hablar, unas 30.000 lenguas han desaparecido. En la actualidad, de las 6.000 que existen en el planeta, la mitad está en peligro de extinción. Todos los años, al menos 10 idiomas mueren. Una de las regiones en más riesgo es América del Sur, advierte el organismo. De un total de 522 pueblos registrados en el Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América latina, 44 utilizan como única lengua el castellano y 55 el portugués.

En Argentina, de acuerdo con el Atlas interactivo de las lenguas en peligro en el mundo, de la misma organización, cinco lenguas están en «peligro» de desaparecer («los niños no la aprenden como una lengua materna», aclara el manual); tres están «seriamente en peligro» (sólo los abuelos y las personas de las viejas generaciones la usan); dos están en estado «vulnerable» (la mayoría de los niños hablan la lengua, pero su uso está restringido a determinados ámbitos, como el familiar) y dos en situación crítica (es el caso el cual los únicos hablantes son los abuelos y las personas de las viejas generaciones, pero sólo usan la lengua parcialmente y con escasa frecuencia).

Diagnósticos

Una mirada más cercana y exacta del panorama lo puede dar la investigación Diagnóstico socioeducativo de los niños, niñas y adolescentes indígenas de Argentina, elaborada por UNICEF en base a la encuesta complementaria de Pueblos Originarios realizada por el Indec en 2004-2005.

Según este informe, en la Argentina, la población indígena asciende a más de 600.000 personas, organizadas en 31 pueblos. «Los cuatro pueblos numéricamente más grandes son el mapuche (113.680 personas), el kolla (70.505), el toba (69.452) y el wichi (40.036). Ellos concentran el 60% de la población que se reconoce como perteneciente a un pueblo indígena. 

El diaguita (o diaguita calchaquí), el ava guaraní, el guaraní, el tupí guaraní, el mocoví y el huarpe tienen poblaciones que varían entre 15.000 y 30.000 personas», detalla.
La supervivencia de la lengua y el grado de uso varía según la comunidad. «En un número significativo de pueblos, sólo una minoría habla y entiende su lengua originaria», explica la investigación coordinada por la especialista en educación, Elena Duro. «Entre los mapuche y los kolla, sólo alrededor del 2% habla habitualmente su lengua. En cambio, los pilagá, los wichi y los chorote se comunican de manera mayoritaria en su lengua originaria. En otros casos, como los mbyá guaraní, que residen en Misiones, ocho de cada diez emplean cotidianamente la lengua nativa para comunicarse. Algo similar ocurre con los toba, quienes hablan en su lengua de forma habitual», analiza.

«La lengua es un fuerte componente constituyente y constitutivo de las identidades personales y sociales», afirma Lucía Golluscio, especialista en lenguas indígenas y responsable académica del Archivo Digital de Recursos del Lenguaje del Conicet. En la ponencia Lenguas en peligro, pueblos en peligro en la Argentina: aportes a la educación bilingüe desde la lingüística de la documentación, presentada en el VII Congreso Latinoamericano sobre Educación Intercultural Bilingüe, explica: «Por ese profundo poder que aporta la lengua del mundo para sus hablantes es que los pueblos conquistadores no se equivocaron (…) El lingüicidio acompañó el genocidio en América. Nada más que en el Chaco argentino, donde se supone que se hablaban alrededor de 22 lenguas cuando llegaron los europeos, ahora se registran 10. 

En la Patagonia, el exterminio imprimió sus huellas profundas en la situación sociolingüística actual: de todas las lenguas vernáculas registradas por misioneros, estudiosos y viajeros, sólo el mapudungun se sigue hablando, con distintos grados de vitalidad», advierte.

La educación bilingüe

Ante este panorama, tanto la UNESCO como organizaciones sociales, indígenas y de derechos humanos vienen promoviendo la aplicación de políticas de Educación Intercultural Bilingüe(EIB), vista como una herramienta indispensable –pero no única– para conservar las lenguas naturales. La ley de Educación Nacional 26.206 reconoce a la EIB como «la modalidad del sistema educativo de los niveles de Educación Inicial, Primaria y Secundaria que garantiza el derecho constitucional de los pueblos indígenas, conforme al artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional, a recibir una educación que contribuya a preservar y fortalecer sus pautas culturales, su lengua, su cosmovisión e identidad étnica; a desempeñarse activamente en un mundo multicultural y a mejorar su calidad de vida» (artículo 52).

Sin embargo, investigadores, actores de la comunidad y docentes denuncian los déficits que tiene el sistema en materia presupuestaria y de capacitación. Un ejemplo de ello es el trabajo realizado por un grupo de investigadores del Centro de Documentación, Capacitación y Asesoramiento de Pueblos Indígenas (CEDCAPI) en Santa Victoria, provincia de Salta, donde conviven distintos grupos étnicos (wichi, chulupí o nivaklé, chorote y toba).

«El grupo de edad de 2 a 5 años es monolingüe en alguna de las lenguas vernáculas. La situación de bilingüismo comienza cuando los niños ingresan al sistema escolar, a los 6 años. A partir de ese momento el español se constituye en la segunda lengua», describe el informe. El choque entre ambas lenguas y culturas genera una situación marcada por el «desgranamiento, la repitencia y la deserción escolar», denuncian.

«Este sistema posee un alto nivel de tensión y dificultad originado, entre otros aspectos, porque está ubicado en un contexto de extrema pobreza, no contempla la lengua y cultura de los educandos, cuenta con docentes con una formación monocultural que contrasta con una realidad donde las aulas se caracterizan por ser plurilingües y se registra un significativo abandono institucional (tanto de los alumnos como de los docentes)», describen.
«La Educación Intercultural Bilingüe es un gran tema de discusión entre las organizaciones sociales, indígenas y el Gobierno», analiza Luis Wamaani, coordinador del área de Pueblos Originarios del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), y organizadora de los últimos Congresos de las Lenguas. «Cuando el Gobierno impulsó la reforma de la ley de Educación, las organizaciones reclamaron la sanción de una ley intercultural, pero el reclamo no fue escuchado. Sólo se incorporó un artículo (el 52)», explica. 

«Hoy, las políticas de educación se reducen a la traducción de contenido de la lengua originaria al español y no se promueve la enseñanza a través de la propia lengua y su cosmovisión del mundo. Los auxiliares bilingües terminan siendo traductores y en muchos casos, porteros de las instituciones», señala.

Para Lelia Albarracín, presidenta de la Asociación de Investigadores en la Lengua Quechua, en las tres últimas décadas se han registrado avances y retrocesos en cuanto a políticas de EIB. «Es muy valioso todo lo que se ha logrado conocer, aprender y sistematizar en la materia. Sin embargo, las políticas lingüísticas como estrategia de preservación de las lenguas indígenas, si no van acompañadas de una serie de reivindicaciones económicas y sociales para los hablantes de esas lenguas, están condenadas al fracaso» –vaticina–. Como dice Paulo Freire: «Todo proyecto pedagógico es político y se encuentra empapado de ideología. El asunto es saber a favor de qué y de quién, contra qué y contra quién se hace la política de la que la educación jamás prescinde», agrega.

Otra de las falencias señaladas por la especialista en materia de EIB es que, al estar destinadas sólo a las poblaciones indígenas, «han marginado, por ejemplo, a las comunidades criollas de habla quechua de Santiago del Estero. Allí, los niños quechuahablantes todavía siguen ingresando a una escuela que ignora su lengua y su cultura –advierte–. Tampoco percibimos una mayor producción bibliográfica, emanada desde el Ministerio de Educación, ni una buena planificación en capacitación docente. Son temas que no han tenido aún un tratamiento adecuado ni la atención necesaria».

Culturas excluidas

Según la Asociación de Investigadores en la Lengua Quechua, «la variedad norteña hablada en la puna jujeña y de la cual se habían reportado alrededor de 5.000 hablantes en 1980, está prácticamente extinguida. La variedad cusqueño-boliviana, hablada por inmigrantes o hijos de inmigrantes, cuenta al parecer con un significativo número de hablantes, pero invisibilizados. La variedad de Santiago del Estero, conocida como “la quichua”, tiene alrededor de 150.000 hablantes, pero se sabe que también hay un número importante de quichuistas en Buenos Aires».

En defensa de la lengua, en la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero se dicta desde 2006 la diplomatura en quichua. «El objetivo es formar a los docentes para la enseñanza de la lengua principalmente en las zonas de habla bilingüe», detalla Luis Garay, director de la carrera, que ya cuenta con 70 egresados.

«La idea es romper con la exclusión a la que fue y es sometida no sólo la lengua, sino toda una cultura en nuestra provincia –remarca–. El quichua fue terminantemente prohibido desde que se inició la educación pública. Era una lengua de “indios”, los niños eran severamente castigados por sus docentes cuando la hablaban. Por eso, el uso de la lengua se recluyó al ámbito familiar, aunque los padres dejaron de enseñársela a sus hijos para evitar que por ello sean seriamente discriminados –explica–. Este proceso no sólo cercenó el derecho a hablar su propia lengua sino también los derechos a construir su propia identidad y a sostener su cultura. La lucha por la defensa de la lengua materna es parte de la lucha por la plena vigencia de todos los derechos de los pueblos».­­

Fuente: Revista Acción (www.acciondigital.com)

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