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CORSET A LA EDUCACIÓN - Por Jaime Yanes Guzmán - Partes I y II


La metodología: el siniestro corset de la educación

Parte I: 
Un enfoque epistemológico desde la física tradicional.
Introducción. 

La física clásica con su modelo newton-cartesiano ha creado una manera de ver el mundo, centrado fundamentalmente en un afán de medir la realidad, estableciendo en primer lugar una cantidad determinada de causas que actúan definiendo el comportamiento de sucesos con casi absoluta certeza. 

Esta mirada determinista señala que la existencia de definidas causas provocaba determinadas consecuencias y que las mismas causas provocaban situaciones iguales, o dicho de otra manera, a medidas repetidas en condiciones idénticas, los resultados deberían ser los mismos. 

El segundo factor fundamental de ese método científico es que para entender un suceso es necesario comprenderlo en sus partes constitutivas y luego sumando sus partes permitiría conocerlo en su totalidad.
Este modo de pensar basado en la causación determinista certera predomina hoy día en aula de todo el sistema educacional de nuestro país, y se ha transformado en un verdadero corset que impide que los centros de enseñanza en todos sus niveles desarrollen un espíritu innovador entre los estudiantes chilenos.

El newton cartesianismo como paradigma de investigación.

En la sociedad industrial, la ciencia tradicional positivista centra su manera de ver en la objetividad del conocimiento, en la simple descripción de las cosas, en el análisis desagregando la realidad en sus partes más pequeñas, en las relaciones de causa y efecto lineales y, con ello, en la absolutización del determinismo en el surgimiento de los fenómenos y de los sucesos, la validez indiscutible de la experiencia sensible, el inductivismo, el análisis de procesos y la verificación empírica como única forma de entender que un suceso es real. 

El cartesianismo carga el enfoque en el estudio de los casos aisladamente considerados, hacen hincapié en el análisis de los componentes, con frecuencia, a expensas del contexto. [Toffler, 1989]. 

La física clásica obliga a la epistemología y la metodología a moverse entre rígidas coordenadas. Este modo de ver que inundó el espíritu industrial con su paradigma durante los últimos tres siglo, se planteaba la existencia de la realidad claramente delimitada, perfectamente inteligible, lógica con sucesos continuos, unos detrás de otros, como simples peldaños, con un mundo siempre predecible y un todo siempre ordenado, con leyes posibles de conocer.

Los positivistas consideraban que los conceptos y las teorías sólo son justificables en tanto entregan una representación de relaciones entre experiencias sensibles. Para ellos, los experimentos, las mediciones y las observaciones cuantitativas precisas son la base de las mutaciones en la ciencia. El positivismo reduce el conocimiento a lo observable, en el establecimiento de hechos y nexos entre estos hechos alejados del desarrollo continua. El papel de la teoría se reducía a un simple instrumento de sistemización bibliográfica, sin abrirse a la posibilidad de nuevos mundos no conocidos.

Koyré [1994] critica al positivismo, señalando que este enfoque se basa en el planteamiento que la acumulación de nuevos hechos está radicado fundamentalmente en el peso del desarrollo de la experimentación y la observación de ésta. Este mismo autor agrega que para el positivismo no son las condiciones del saber las que determinan las condiciones del ser fenoménico de los objetos, sino que, por el contrario, es la “estructura objetiva” del ser lo que determina el papel y el valor de nuestras facultades del saber.

Los profesores Humberto Maturana y Francisco Varela [1995] se suman a la crítica del positivismo. En primer lugar, cuestionan el pensamiento objetivo que ellos califican de trascendental, donde la existencia tiene lugar con independencia del observador, donde las cosas existen independientemente de si éste las conoce o las puede conocer a través de la percepción o la razón. Ambos autores señalan que este camino de conocer es ciego y sordo a la participación del observador en la constitución de la explicación de las cosas, fenómenos o hechos. Aquí, el conocimiento sobre el entorno será independiente de las propias experiencias perceptuales con que el observador experimenta y percibe dicho entorno

Ander-Egg [1995:46] sostiene que la medición en la metodología“… no es otra cosa que una forma de observación; en otras palabras, la ciencia es cuantitativa porque se basa en observaciones registradas y representadas en símbolos […] medir es asignar numerales a objetos o acontecimientos de acuerdo con ciertas reglas”, originando con ellos diferentes tipos de escalas y diferentes tipos de medición. Entre las características que el autor entrega a la medición, están entre otras, que la medición debe tener validez cuando lo que mide puede ser demostrado, libre de distorsiones. Además agrega que la medición es fiable cuando al aplicarse repetidamente a un mismo individuo o grupo o por investigadores distintos en el mismo momento da resultados iguales o parecidos. Y por último, una medición es precisa cuando localiza con exactitud la posición del fenómeno que se investiga.
Hernández Sampieri [1994:40] y los co-autores de Metodología de la Investigación asumen la definición de Kerlinger [1975:9] sobre teoría y plantean que “…es un conjunto de constructos [conceptos], definiciones y proposiciones relacionadas entre sí, que presentan un punto de vista sistemático de fenómenos especificando relaciones entre variables, con el objeto de explicar y predecir los fenómenos”. Esta forma de entender la teoría le da fundamentalmente un carácter causal determinista a la relación de variables o leyes que interrelacionan estas variables. 

De aquí se puede deducir que las proposiciones que se hacen de esas variables están interrelacionadas lógicamente, y que no es precisamente de la interrelación de la mirada holista como holomovimiento donde todo efectivamente está vinculado, sino que se refiere a que tiene un carácter de causalidad determinista en la perspectiva que generan necesariamente ciertas consecuencias.
Ellos entienden por medición [1994: 242] como “el proceso de vincular conceptos abstractos con indicadores empíricos”. Esto se efectúa clasificando y cuantificando los datos disponibles que ellos denominan Indicadores. En este proceso, el instrumento de medición o de recolección de datos es central, porque debe registrar [1994: 242] “…datos observables que representan verdaderamente a los conceptos o variables que el investigador tiene en mente”. Ellos apuestan que los instrumentos de medición tienen grados de validez apreciables en la medida que mide la variable que pretende medir. Aquí no hay dudas e imprecisión al respecto, sino sólo certezas propias de una epistemología fundada en la física clásica.

Bunge [1969:55] sostiene que aquello que caracteriza al conocimiento científico es su verificabilidad: “siempre es susceptible de ser verificado”. El autor plantea [1969: 58] que las proposiciones que se refieren como hipótesis acerca de la naturaleza y la sociedad deben ponerse a prueba por procedimientos empíricos de medición. Sólo la verificación de enunciados formales, señala Bunge, acepta demostraciones racionales. Las hipótesis científicas en las ciencias fácticas deben pasar la prueba de la experiencia. Y esto obliga a descubrir pautas para poner a prueba las hipótesis. El único invariante en las hipótesis científicas es el requisito de verificabilidad: [1969: 68] “La inducción, la analogía y la deducción de suposiciones extra científicas [p.ej., filosóficas] proveen puntos de partida que deben ser elaborados y probados”.
Conclusión

Esta forma de entender la metodología en la investigación científica está cercenando toda posibilidad de transformar a nuestras universidades y sus aulas y laboratorios en verdaderos centros de creación e innovación. Los alumnos son obligados a realizar “investigaciones” donde la explicación de la metodología cartesiana utilizada es lo central, cumpliendo el rol principal de ellas la medición casi exacta de las dimensiones o factores que podrían caracterizar las variables que determinan un problema. El determinismo, la certeza, la medición enfermiza es el centro de toda investigación, lo cual se ha transformado en un verdadero corset que tiene enclaustrada a nuestra educación secundaria y universidades, alejadas de todo posibilidad de participar creadoramente en el desarrollo de nuestro país.

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La metodología: el siniestro corset de la educación

Parte II: 
un enfoque epistemológico desde la física cuántica

Introducción

Debido a los avances de la ciencia, la metodología ha alcanzado los horizontes de una episte-metodología en la perspectiva de la á-metodología. Si la epistemología es quien construye la visión para elegir y resolver problemas, transformándose en un sistema de determinadas teorías científicas explicativas que cumplen el rol de barandas en la búsqueda y el debate, la metodología construye los métodos adecuados para la realización de las exigencias del conocimiento y el análisis científico de un problema, acontecimiento o hecho.

Este á-saber es la ciencia para el proceso del conocimiento. Es la síntesis del saber dirigido al dominio, ampliación y profundización del propio saber que nos abre el camino para aproximarnos a la realidad disipante, cambiante, incierta que nos interesa investigar. La metodología es una manera de abordar la discusión de la realidad y debe reflejar las tendencias del desarrollo de esa realidad como patrón de probabilidades en los marcos de la ciencia moderna, transformándose con ello en á-metodología.

La ciencia moderna y la epistemología

Según Andrade [2001], para el físico David Bohm la realidad y el conocimiento deben entenderse como procesos, donde todo puede ser creado y transformado, como también puede desaparecer. Por ello no es posible la existencia de partículas últimas como bases fundamentales de la materia. Él sostiene que todo lo que existe como singularidad, acontecimiento o suceso es sólo una abstracción de una totalidad aún no conocida o no bien definida. Plantea un realismo cosmológico frente al realismo local, asumiendo la primordialidad del suprarrealismo de la no-localidad frente a la separabilidad, a rechazar la visión de lo singular y los sucesos separados unos de otros y sin expresar la totalidad. Hay una interacción permanente entre todos los elementos que componen esa totalidad sin existencia de separabilidad, y ello es una característica propia de la naturaleza porque el universo, la naturaleza y la propia sociedad van emergiendo como un sistema cuántico que no tiene sentido determinado.

Todas las cosas sucesos son el despliegue de un holomovimiento o una totalidad universal o de la propia sociedad desconocida de movimiento fluido que es autoexistente y fundamento primario de todo lo que existe. Desde estos puntos de vista lo que corresponde entonces es trabajar metodológicamente con un conjunto numeroso de dimensiones que podrían ir configurando el tema, pero no con tres a cuatro variables que le determinarían rígida y certeramente.

Prigogine [1988] afirma que la realidad, la vida cotidiana, el medio en que vivimos y estamos no son matemáticos. No son ni siquiera matematizables. Es el dominio de lo mutable, de lo impreciso, del más o menos, del aproximadamente. No existe el mundo finalizado. En todas partes hay un margen de imprecisión, de juego. Este autor señala que los cuerpos son estructuras disipativas coherentes, alejadas del equilibrio. En estas condiciones de no equilibrio, la materia, según Prigogine, [1993] tiene capacidades espontáneas de percibir sus diferencias con el mundo que la rodea, y además de reaccionar a las fluctuaciones de ese entorno. De esta manera, reconoce que la naturaleza es un proceso abierto de producción y de invención. Sostiene que el universo tiene una evolución continua y que se va construyendo en una dialéctica entre la gravitación y la termodinámica como un fenómeno irreversible con capacidad constructora de nuevas estructuras permanentemente. Esto obliga a la epistemología y a la metodología tratar la investigación como procesos que no pueden ser finalizados como certezas absolutas, no sólo en las diversas dimensiones que lo generan, sino que además en su proceso de desarrollo continuo. Por ello que señalar la problemática y configurar teóricamente el tema es la primera razón de ser de un trabajo de investigación en colegios y universidades en todos sus grados.

La primera propuesta que nos hace la mecánica cuántica según Lapiedra [2008: 14] es el carácter probabilista indeterminista cuando busca predecir resultados de medida de una magnitud física que se está observando. Incluso desde esta perspectiva se sostiene que dos sistemas físicos idénticos pueden dar resultados diferentes en medidas repetidas. La predicción de la mecánica cuántica, sostiene Lapiedra, está centrada fundamentalmente en distribuciones de probabilidades en cada uno de los resultados posibles de una medida determinada.

¿Cómo satisfacer epistemológica y metodológicamente una visión de la realidad objetiva de la naturaleza desde las exigencias de la mecánica cuántica? Este autor se hace la pregunta de ¿qué se puede conocer de un sistema cuántico? Responde que es posible predecir su evolución futura siempre y cuando conozcamos el estado inicial. Esto puede suceder también desde la posición de Hawking y su teoría de suceso. El cono del pasado guardaría los secretos del estado inicial que nos permitiría cierta predicción de su estado futuro. Desde este punto de vista nuevamente podemos insistir en que una pertinente metodología de investigación no es aquella que pretende entregarnos certezas sino que juegos de probabilidades de desarrollo de un suceso a partir de las dimensiones o factores que se supone le dan origen.

Teóricamente la imposibilidad de predecir con certeza el resultado de una medida tiene que ver con la propia realidad desde una mirada cuántica. Es decir, nunca podremos encontrar todos los antecedentes en el cono del pasado de un suceso que nos asegure predicciones ciertas. Dicho de otra forma, jamás podremos conocer completamente la función de onda de un suceso, entendido como cono del pasado donde está contenido todo lo que es posible saber de un sistema. Como lo macroscópico está formado por una enorme cantidad de materia microscópica, podemos deducir que la mecánica cuántica podría también hacernos comprender por extensión las características de lo macroscópico. Este indeterminismo cuántico al ser extendido a lo macroscópico, [Lapiedra: 36], debiera aceptar una metodología que no es capaz de satisfacer la causación estricta en la vida en general y en la historia de la sociedad humana en particular. Este autor indica que la naturaleza es indeterminista y que todo en ella se manifiesta siempre como probabilidades, las cuales tienen un comportamiento ondulatorio. Pero esta acausación debe ser entendida como relativa, porque al medir se puede obtener uno de aquellos resultados que contiene el espectro de la magnitud que se mide. Pero lo que se obtiene se hace sólo en términos probabilísticos.

Lapiedra [: 87] define medida como concepto de la mecánica cuántica a “…cualquier proceso de interacción de un objeto clásico y un objeto cuántico, que se desenvuelve, por otro lado, independientemente de cualquier observador”. Este autor sostiene que la medida sobre un sistema cuántico provoca saltos irregulares y sorpresivos en la función de onda a través de lo que él llama un colapso de dicha función. Las medidas, según Lapiedra son de una variedad infinita, creando con ello interacciones físicas también infinitas entre los sistemas cuánticos y los objetos macroscópicos de medida. La presencia del ser consciente sólo determina aquellos colapsos que nos interesa observar a nosotros con nuestra flecha psicológica de seres observantes. Es difícil poder definir con exactitud qué es una medida y qué es observar.

Lapiedra [: 43] plantea que la física clásica realiza medidas con una tendencia a predicciones de certeza total por hipótesis que avala los antecedentes para ello: las causas. Pero cuando las cosas se ponen difíciles, la física clásica también realiza predicciones estadísticas. Pero según este autor, desde el punto de vista epistemológico son meras predicciones estadísticas sólo por razones de incapacidad práctica de realizar esas predicciones certeras a partir del determinismo que acepta. Por el contrario, desde la visión de la mecánica cuántica la medición tendría otro sentido. Si queremos medir cierta magnitud M de uno de los múltiples factores que configuran aproximadamente un tema de investigación y lograr un cierto valor m del espectro del conjunto de resultados posibles para la medida de la magnitud, podemos señalar que siempre existirá al menos una función de onda de la magnitud que dé con seguridad el resultado m. Ello nos muestra que sólo en algunos de esos estados particulares del factor medido nos dará m. En los demás estados será más o menos probable. Entonces sólo nos acercamos a una predicción probabilística, porque no están nunca todos los antecedentes en el cono del pasado del suceso que nos permitiría llegar a certeza en el estado final a que llegará la medida. Sólo comprenderemos su probabilidad. Desde esta perspectiva la investigación científica no puede centrarse en la medida, como la actual metodología tradicional lo hace, sino que en el conjunto de factores de pudieran configurar más o menos el suceso que nos interesa investigar, y entender las mediciones o evaluación como simples probabilidades de comportamiento final del objeto de investigación.
Conclusión

Si el país quiere ser llevado a un nivel de desarrollo económico-social, político, ético y humano relevante, la epistemología y la metodología de investigación deben cambiar de carácter urgentemente. Debe asegurar procesos transformadores, creadores e innovadores rechazando la separabilidad de las cosas, aceptando que la realidad no es matematizable y que no tiene un sentido determinado, que vivimos un mundo de la imprecisión pero abierto a la producción e invención de lo nuevo, que nuestra realidad es el mundo de la evolución continua alejado de certezas absolutas con un fuerte sentido probabilista indeterminista y que los sucesos ocurren en los marcos de ciertas distribuciones de probabilidades alejados de esa causación determinista.

Sólo en un marco de estas características, nuestros alumnos-aprendices que aburridos se alejan de las aulas tradicionales, podrán darle un sentido humano y progresista a este nuevo proceso de aprender por sí mismo que viven los jóvenes chilenos, haciéndolo junto con sus tutores en la dirección de la construcción de las grandes tendencias que puedan permitirnos edificar una sociedad más justa y de respeto para todos y todas los habitantes de este país.

Por Jaime Yanes Guzmán, 
Cientista Político Académico.
Chile

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