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Participación de la mujer en la economía mundial


La participación de las mujeres en la economía mundial es cada vez más importante. En el transcurso de las décadas, los cambios culturales, sociales y la innovación tecnológica hicieron que la mujer ocupara más puestos de trabajo y cargos más relevantes, además de acceder a carreras universitarias y obtener iguales o mejores resultados académicos que los hombres.

Un estudio realizado en los Estados Unidos por la consultora Catalyst reveló que las empresas de ese país con más cantidad de mujeres en cargos ejecutivos obtuvieron mayores ganancias de capital que las compañías que tienen menos damas en sus planteles. Según los especialistas, esos resultados se pueden explicar porque los equipos de trabajo mixtos son más eficientes para captar amenazas y resolver dificultades.

Sin embargo, tan sólo el 7 por ciento de los ejecutivos que integran directorios de las grandes corporaciones mundiales son mujeres. En Estados Unidos el índice crece al 15 por ciento, pero en Japón (una sociedad más tradicional) desciende al 1 por ciento.

La ecuación cambia de manera notable en puestos de menor jerarquía y con los años. En la primera mitad del siglo pasado, solo un tercio de las mujeres estadounidenses en edad productiva tenía su puesto de trabajo. Ahora, primera década del siglo XXI, son dos tercios las que tienen su lugar y representan casi el 50% de la fuerza laboral de ese país. Mientras, en el mismo período, la tasa de empleo de los hombres se retrajo el 12 por ciento.

Los cambios en la economía mundial tienen mucho que ver con la referido antes. La reducción del trabajo manual reservado a los hombres, y la expansión del sector servicios aportaron lo suyo. Y si bien esa irrupción femenina es innegable, la paridad no se ve reflejada en los salarios entre ambos sexos para el mismo tipo de trabajo.

Además, la incorporación de la mujer al mercado laboral implica la creación de más trabajo. Algunos especialistas dicen que de hecho duplican los puestos laborales, dado que las tareas domésticas pasan a ser realizadas por otras mujeres menos calificadas cuando la dueña de casa sale a trabajar.

Ni qué hablar de las economías emergentes, como la de Argentina, donde, tras las crisis generada en la última década, la mujer reemplazó en muchos casos al hombre como proveedor en el hogar ante la destemplada realidad del desempleo.

En los países desarrollados, las mujeres producen casi el 40 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), sin contar el valor de las tareas hogareñas que colocan ese porcentaje por arriba de la mitad, según estimaciones realistas.

De un trabajo de
Christian Paolo Martel Carranza

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