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La ciencia al diván


El académico José Félix Patiño comenta el libro Psicoanálisis y la teoría de la complejidad, cuyo autor es Guillermo Sánchez Medina. Dice el comentarista que en el siglo XXI ya se acepta una inversión del paradigma clásico de la ciencia establecido por la física: lo natural era lo determinista y reversible, lo que obedecía a las leyes de los sistemas lineales, y lo excepcional era lo aleatorio, lo irreversible.

Pero el mundo que nos rodea, dice Patiño, no es geométrico: las nubes no son esferas, las montañas no son conos, los lagos no son círculos. Los fenómenos naturales son impredecibles por las leyes de la física y de las "ciencias duras". Y tampoco lo son nuestras vidas, nuestro comportamiento fisiológico y psicológico, nuestra organización social. Los físicos trabajan con sistemas en equilibrio termodinámico; los médicos con organismos vivos de altos niveles de organización dinámica e interactiva. Los saberes están interrelacionados porque todos están impregnados de complejidad, lo que rompe con la rigidez del positivismo al hacer de cada ciencia un saber inmaculado.

Los saberes pueden ser medidos y cuantificados con toda precisión y su comportamiento es predecible por las leyes de la física clásica; para otros sin embargo, como el Derechos y las ciencias eidéticas, sólo se conoce el azar; su comportamiento se rige por leyes subyacentes todavía carentes de un impacto definitorio como ciencias. Pero es un hecho a estas alturas del siglo XX que a la complejidad del organismo humano se suma la sobrecogedora complejidad del cerebro y de la actividad mental. Todo interrelacionado.

La nueva visión de la ciencia es la de lo que es más común en la naturaleza: los sistemas complejos no lineales, los procesos irreversibles. La biología, la fisiología, la medicina tienen hoy esta perspectiva. A ella llegan ahora la psicología y, como lo plantea Guillermo Sánchez Medina, el psicoanálisis.


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