(adaptado)
A partir del año 2001 las economías latinoamericanas cuyos modelos siguieron el camino del neoliberalismo fracasan, dejando tras su caída profundas protestas sociales, por el deterioro total de las estructuras de producción y servicios. El precio de los hidrocarburos continúa en ascenso y los problemas climatológicos se agudizan.
...
Esta etapa está signada por las siguientes manifestaciones:
Se suceden nuevos y continuos récords, con frecuencia diaria en algunas etapas, del precio del barril de petróleo.
Se suceden reuniones internacionales que denotan la preocupación de la humanidad por el deterioro de las condiciones de vida en el planeta, que pueden comprometer la supervivencia de la especie.
El fin de los combustibles fósiles ya es previsible y visible.
Son cuestionados los postulados capitalistas relacionados con calidad de vida.
Se derrumba un modelo político que esgrime como armas fundamentales, según F. Castro (2007), "una economía regida por el mercado, más capital transnacional, más tecnología sofisticada, igual a crecimiento constante de la productividad, del PIB, del nivel de vida y todos los sueños del mundo para la especie humana; el estado no debe interponerse en nada, no debiera incluso existir, excepto como instrumento del gran capital financiero".
Se consolida el concepto de gestión tecnológica, volcado en función de protocolizar y normalizar los aspectos organizativos de la gestión energética y de lograr reducciones importantes en los índices de consumo del equipamiento técnico.
Se consolidan en el mercado internacional los equipos consumidores de energías renovables.
Los precios de estas tecnologías logran competitividad versus las consumidoras de combustibles fósiles, sobre todo por el aumento desproporcionado de los precios de los hidrocarburos.
Resurgen nuevos estudios o abandonados, sobre otras fuentes de energía renovable.
De su monografía:
Evolución del uso de la energía y su vinculación con la tecnología - Gestión energética: antecedentes históricos recientes
http://www.monografias.com/cgi-bin/jump.cgi?ID=150374
Mostrando las entradas con la etiqueta neoliberalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta neoliberalismo. Mostrar todas las entradas
El profesor universitario del siglo XXI

En la sociedad de siglo XXI, han ocurrido vertiginosos cambios en el campo de las ciencias y la tecnología. Se han impuesto nuevos modelos económicos, lo que ha dado origen a la globalización, lo cual constituye una respuesta al neoliberalismo, esto es nuevo mercado, competitividad, individualismo, la revolución de la tecnología de la información y sobre todo, la privatización de las empresas estatales. Vivimos en un nuevo mundo, donde el pensamiento neoliberal parece adueñarse de nuestras sociedades, dado que no solo incide en la vida económica, sino que abarca otras dimensiones como la educación, la cultura, la política, la ciencia y la tecnología, entre otros.
Todo lo anterior significa que los individuos tenemos que convivir dentro de estos nuevos paradigmas de la sociedad, de allí que la educación universitaria tiene un gran reto que enfrentar. Nuestros jóvenes deben prepararse para atacar los desafíos del siglo XXI. Pero ello es posible, en la medida en que nuestras universidades asuman su rol dentro del contexto social como instituciones de educación superiores. Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionales capaces de enfrentar los problemas del entorno. No se puede negar que se requiere de una nueva visón del mundo y de la humanidad. Es urgente realizar una reingeniería del humanismo.
Para imprimir los cambios pertinentes de la sociedad del siglo XXI, es imprescindible el papel protagónico del profesor universitario, porque de todos los actores de este sistema, él constituye la columna vertebral de los cambios que inciden en la formación de los futuros profesionistas de la nación. Las universidades, sin el concurso de los profesores, no podrían desarrollar sus objetivos como instituciones de educación superior. Sabemos que la responsabilidad de la educación universitaria, no solo descansa en el profesor, sino que es una responsabilidad institucional que debe formar parte de la agenda de todo estado.
Es innegable el compromiso que tiene el profesor en la formación directa de los estudiantes que acuden a las aulas universitarias. Por ello, si se quiere lograr fortalecer, desarrollar y robustecer las bases culturales, valores, identidad, competencia y pertinencia, es menester que el profesor universitario esté consciente de su responsabilidad como actor fundamental de este proceso de transformación en la educación. En consecuencia, el trabajo del profesor universitario en el contexto del siglo XXI debe ser de excelencia académica.
Para alcanzar la excelencia de la enseñanza universitaria son muchos los factores de carácter institucional y administrativos que inciden en el quehacer académico, no obstante, todos coincidimos en que el trabajo del profesor universitario es la clave para alcanzar el éxito. De nada vale que se doten de tecnologías, laboratorios, bibliotecas y recursos científicos las universidades, si la actitud del profesor es de indiferencia frente a los retos que tiene que enfrentar en una sociedad donde la información y la actualización de los conocimientos están al alcance de los estudiantes.
Este planteamiento nos lleva a focalizar la atención en la actitud de compromiso que le corresponde al profesor universitario dentro del contexto social del siglo XXI. En este sentido, es innegable que todo docente tiene que tener conciencia que su trabajo, dado que éste se proyecta más allá de la rutina diaria del salón de clases. El profesor universitario debe tener conciencia de que su labor revierte para beneficio de la sociedad, que es a la cual se debe realmente toda universidad.
El profesor universitario es un agente de cambio y para ello, debe conocer los nuevos modelos de la sociedad del siglo XXI, en ese proceso de cambio e innovación de los paradigmas que impone la globalización, la cual alcanza a la educación como base fundamental para el progreso y desarrollo de las naciones. Todo ello exige del profesor más y mejores niveles cognitivos. Los vertiginosos cambios que se dan en todos los campos del saber requieren que el profesor universitario esté en consonancia con los adelantos de la ciencia y la tecnología. Aunque es sabido que la responsabilidad de la educación no es exclusiva del profesor, lo cierto es que ésta, en gran medida, recae en él.
La ciencia y la investigación constituyen la base del compromiso de todo profesor universitario que tiene una visión amplia de la necesidad de ofrecer alternativas a la sociedad para enfrentar los retos de la globalización que nos ha tocado vivir. Las instituciones universitarias deben propugnar por dotarse de profesores comprometidos con la investigación como herramienta básica para la producción de conocimientos innovadores que coadyuven a profundizar los diversos saberes.
Las universidades deben poner mayor empeño en mejorar los perfiles del profesor que ingresa a las aulas a impartir conocimientos a nivel superior. Hay que reconocer que la Universidad de Panamá, ha establecido parámetros para seleccionar de manera científica a sus profesores a través del banco de datos y los concursos de cátedras formales.
El proceso de selección científica de los profesores garantiza, en cierta medida, la calidad del docente universitario. Considero que la Universidad de Panamá puede perfeccionar los perfiles del docente universitario y las otras universidades hacer el intento de tomar el ejemplo de la Universidad de Panamá, si realmente se pretende enfrentar las exigencias de la nueva sociedad que requiere de profesionales competentes, con creatividad, emprendedores con un alto nivel de conocimiento en las nuevas herramientas tecnológicas de los distintos campos del conocimiento.
El trabajo del profesor universitario
Retos del siglo XXI.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
