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Recuerdos de mi muerte 1 - Daniel Anibal Galatro


¡Hola, amigos! Tal y como anticipé en la nota anterior, comenzaré aquí a desgranar recuerdos que una vez fueron apuntes y ahora se irán integrando para compartir lo que me ocurrió cuando desde la sala de terapia intensiva del Hospital Municipal de Esquel algo de mí disfrutó de experiencias que me quedaron profundamente grabadas en mi mente.

No será un discurso sino más bien un diálogo porque en los comentarios al pie de estos "posts", o a través de los mensajes en mi facebook (Daniel Aníbal Galatro) o en mi tweeter (DGalatr), o mediante emails a danielgalatro@gmail.com podré conocer y responder cualquier consulta o comentario que deseen realizarme a lo largo de estas publicaciones.

Les recuerdo que paralelamente tendrán a su disposición el relato que Olga escribió sobre su visión propia y sufrida de lo sucedido que conforma el e-book "El día en que él murió y yo lo vi".

Así que, si les parece, comenzamos.

"NOTA PREVIA

Hola, amigos.

Si bien ya lo he dado a conocer en algunos recovecos de Internet a través de mi blog personal, hoy, seis años y algo más después de sucedido creo que merece este hecho una revisión que lo actualice en mi mente y en la de quienes tengan a bien compartirlo.

Y me permití tomar con referencia casi absoluta de ese segmento de mi vida lo que escribiera y publicara en el 2012 bajo el mismo título y en forma de apuntes, esto es, algo así como ensayos breves que permanecen insistentes en mi mente negándose a asumir que hayan sido solamente sueños inducidos por la morfina recibida durante mis días en terapia intensiva.

Sin más, vayamos al asunto.

Daniel Aníbal Galatro
Esquel – Chubut - Argentina
Marzo de 2015."

"Creo que ya, luego de más de tres años de acontecido el suceso - por llamarlo de alguna manera - es tiempo de que cumpla con mis promesas a amigos y conocidos. En realidad se trata de una única promesa con múltiples formas de cumplimiento, de las cuales la aquí elegida es una posible.

Me dice mi esposa Olga que ponga en antecedentes a los nuevos amigos pues desconocen que a principios de Enero del 2009 me aconteció un hecho que puso un toque más de interés a la para mí muy interesante vida mía.

Durante horas o días estuve oscilando entre la vida y la muerte, cruzando lo que me pareció un borde suave y placentero entre esos dos estados, tan agradable que no me producía más que placer transitar sus idas y sus vueltas.

Fuera de mi cuerpo, en el entorno que suelen llamar "real", todo era un verdadero drama que la misma Olga se ocupó de relatar ("El día que él murió y yo lo vi" - tituló la descripción de su terrible y dolorosa experiencia). Pero desde el momento en el que la anestesista cumplió con su labor (por primera vez, porque me cuentan que hubo una segunda y les creo) y me sumí en un suave sopor, hasta que desperté a la conciencia más o menos plena en la sala de internación postquirúrgica del Hospital de Esquel, no puedo hoy asociar ninguna experiencia “¿vivida?” con algo triste o doloroso sino todo lo contrario.

Por supuesto, los comentarios de estas notas estarán abiertas para cualquier consulta u opinión. No he olvidado mucho de lo sucedido, ya que de vez en cuando registré en notas escritas en un cuaderno las imágenes y detalles que podían escapárseme de la memoria por el paso del tiempo. Y el intercambio con ustedes me ayudará a reflotar algunos recuerdos que el fluido de los meses pudo haber arrastrado o, al menos, aflojado.

En mis vivencias (¿o "muriencias"?) de esos días en que la morfina y los algo más que me inyectaron mientras mi cuerpo reposaba en la Unidad de Terapia Intensiva conectado al mundo por variados cañitos que llevaban o traían fluidos variados, el Esquel que me rodeaba era en mucho parecido al Esquel real, aunque con ciertos cambios que comenzaré a relatar.

Agradeceré, repito, toda precisión que me pidan porque me ayudará a rescatar los detalles. Y de aquí saldrá una novela - real o de ficción, ustedes dirán - que les debo y me debo.

¿Dónde suponía que estaba? Sin casi dudarlo, puedo afirmar que la clínica en la que estaba internado se localizaba en la esquina oeste de la intersección de 9 de Julio y Sarmiento (donde en la "realidad" se alza el hotel que muchos esquelenses y turistas bien conocen). De vez en cuando, en mi "delirio" miraba por una ventana, y más tarde, cuando anochecía, salía a "dar una vuelta" con Olga que me venía a buscar.

Era un edificio antiguo con ventanales muy altos, cada uno con persianas típicas plegables, amplios vidrios y cortinas que también reflejaban muchos años de servicio. La habitación - que luego resultó tener un parecido con la sala de internación de cirugía - tendría unos 8 metros por 4, más o menos, y recuerdo dos o tres ventanas que daban hacia la esquina norte de la intersección (de la que tengo mucho para contar), es decir, cruzando la calle Sarmiento, y una ventana más que daba hacia la esquina sur.

Sobre la calle 9 de Julio estaban las también antiguas puertas por las que se ingresaba a la clínica, situadas a continuación de esta sala, y pasaban por esa vía numerosos automóviles, varios ómnibus urbanos y también había una parada de taxis, que no eran blancos como los reales en Esquel sino amarillos al estilo neoyorkino.

Aquí coloco un punto y aparte que me permita separar este apunte del que le seguirá, si Dios quiere. Quedo a la espera de la continuación del relato, pues seré como de costumbre no solamente quien lo escriba sino también el primero en leerlo (y seguramente en sorprenderse con él)."

Daniel.

El día en que él murió y yo vi - relato real de Guerrera de la Luz

"Fue terrible para mí. Y no para él, que todavía no recuerda algunos sucesos aunque otros jamás olvidó y repite cada vez que le preguntan, todo, tal cual, con puntos y comas.

No sé si hice bien o mal en ese momento en el que él saltó de su cama del hospital, donde estaba luchando entre la vida y la muerte, para ir a “abrazar algo”. Se desconectó enérgicamente de todo aparato o tubo que tenía por su cuerpo – que eran muchísimos – para ir detrás de ese “algo” que sólo él veía y nadie más que él.

Su rostro estaba feliz. Sus ojos brillaban más que nunca y todo él lucía distinto, como iluminado diría yo."


En el relato de lo que Olga vivió cuando su Daniel caía en un mundo de sombras y contraluces muy diferente de lo que llamamos "real", ella misma marca el punto de inflexión entre dos universos que no alcanzamos a comprender y menos aún a diferenciar.

"El día en que él murió y yo lo vi", escribió con su seudónimo "Guerrera de la luz", y ya miles de lectores lo han compartido y, en muchos casos, incorporado a su vida personal y a sus experiencias las reflexiones que suma en cada una de sus palabras.

La vida y la muerte, pero más aún, la débil frontera que las separa y que quizá sólo a fuerza de milagros puede atravesarse en uno y otro sentido para abrir nuestra mente a esa situación que suele considerarse irreversible y tal vez no lo sea.

Si te interesa adquirir una copia ebook de esa historia real y vibrante, enviá un correo a danielgalatro@gmail.com y te diremos cómo hacerlo. Porque es tiempo de que conozcas qué ocurrió en el hospital de un pueblo cordillerano en enero de 2009 y qué puede eso tener que ver contigo.

Complejo Cultural Galatro
Editorial Levantando Vuelos
Esquel - Chubut - Argentina



La historia de un verdadero milagro: enero de 2009


Pocos meses después de nuestra llegada a Esquel, un par de cálculos alojados por años en mi vesícula biliar saltaron, uno al colédoco y otro al cístico, y los bloquearon, haciendo urgente una cirugía que resolviera la situación. Así me internaron rápidamente y las manos expertas de un cirujano del hospital de la ciudad los extrajeron definitivamente.

Pero las cosas se complicaron cuando, según me contaron después, algo hizo que me arrancara los tubos instalados en mi cuerpo y provocara ser llevado a terapia intensiva con un serio derrame interno que obligó a convocar diez dadores de sangre para realizarme una segunda intervención. Ese "algo" fue mi propia reacción no sencilla de explicar y que tuvo una visión externa y dolorosa soportada por mi esposa Olga, y otra visión interna y maravillosa generada en mi propia conciencia.

Todo duró algunos días y me puso a las puertas de una experiencia límite en la que parece he transitado una frontera que separa, o quizá une, la vida con la muerte, o quizá confunde ambas para crear un tercer estado intermedio que me fue dado conocer.

De esta situación surgieron luego dos relatos paralelos aunque en mucho diferentes: el de las vivencias de mi esposa ("El día en que él murió y yo lo vi") y el de mis propias visiones ("Recuerdos de mi muerte") y es tiempo de publicar una transcripción mejorada de ambos.

Han pasado varios años y los recuerdos siguen fuertemente impresos en mi memoria, tanto o más que los registrados de cosas a las que solemos llamar "reales", tanto que los amigos que las lean tendrán dificultades para distinguirlos de los que alguien considerará "imaginarios".

Sin capacidad verdadera para nosotros diferenciarlos, hemos decidido solamente ponerlos en su conocimiento y que cada uno haga su propia evaluación.

Paso a reescribir ambos sin alterar su contenido inicial pero dando más claridad a los escritos iniciales y posibilitando a los futuros lectores a consultarnos sus dudas y comentarios.

Desde ya, gracias por su interés en estos sucesos que marcaron profundamente nuestras vidas.

Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com
Esquel -  Chubut - Argentina
Diciembre de 2016.